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jueves, 26 de abril de 2012

Vivir al margen ¿cultura de la pobreza?

¿Cómo vive la gente de la calle? Los destechados, los desposeídos, los miserables, los mal llamados desechables; los desechados por una sistema económico y una sociedad de consumo que deja al margen aquellos cuya condición socioeconómica ni siquiera alcanza para clasificarlos como pobres. Puesto que no tienen nada. Absolutamente nada.  Esa incómoda pregunta me la hizo un amigo que se ha propuesto como misión de vida no permitir que esos habitantes de la calle sean invisibles. Él los ha fotografiado y comparte con muchos de ellos chocolate con pan en las afueras de una iglesia del centro de la ciudad. Cada fotografía tiene la historia de un ser humano. Un ser humano con nombre que siente y piensa.
Vivir en la calle, dormir en los andenes, debajo de los puentes, en la portería de un edificio, a las afueras de un negocio o literalmente donde le coja la noche o el cansancio, es una realidad difícil de imaginar desde la  comodidad de un techo y un lecho, por más pobre que sea. Es usar la misma muda de ropa por tantos días como sea necesario hasta conseguir nuevas prendas, puesto que no hay casa, ni lavadero para lavar,  ni cuerdita para colgar, ni armario para doblar y guardar la ropa. Un pantalón y una camisa se usan por 8, 15 días o un mes, hasta que aparezca el cambio de ropa definitivo. Por eso los vemos en la calle, sucios y andrajosos.  La gente dice que son cochinos, sin pensar que hasta la limpieza tiene un precio. La gente dice que están muy jóvenes y alentados, que deberían trabajar, pero nadie se anima a darles algún trabajo. ¿Usted lo haría?
¿Dónde y qué comen? También en la calle, por supuesto, las sobras de comida que los demás dejamos en los platos y bandejas, cuyo destino final será una caneca de basura. Comen lo mismo que usted y yo, con la diferencia que ellos se comen los sobrados, los desperdicios, lo que nuestra llenura no nos permitió seguir ingiriendo. Conseguir cada comida es una hazaña. Por eso los alucinógenos baratos aparecen como el mejor paliativo para lidiar con el hambre. No hay horarios, no hay normas, no hay patrones. Las reglas de la calle son las de la supervivencia; se trata literalmente de sobrevivir, tanto por la búsqueda del alimento como por la evasión de los ataques, embestidas que provienen de los mismos desposeídos y hambrientos quienes presos de la angustia, o por líos de drogas, convierten en enemigos a sus compañeros de calle.  También deben sobrevivir a los intentos de eliminación física de quienes no soportan su presencia y pasan en las noches intentando acabarlos con balas anónimas o dándoles alguna comida envenenada para así limpiar y embellecer la ciudad.
“Ah, pero a muchos les gusta” –dice la gente- . ¿Cuál será el límite en la imposición y la elección? Cuando se ha nacido en la calle, como es el caso de muchos, o cuando se ha llegado a ellas por presión económica o por consumo de drogas, cualquiera que sea la situación, se va perdiendo el límite entre la obligación y el gusto. Obviamente, si a una de estas personas alguien pretende sacarlo de este mundo y ofrecerle otro para vivir, el habitante de la calle va optar por su mundo de la calle, porque allí se levanta a la hora que quiere, come lo que quiere, hace lo que quiere, no tiene ni dios ni ley y en general vive como quiere. Esa es la conclusión facilista para justificar la marginalidad a la que han sido sometidos los habitantes de la calle ante nuestra mirada indolente y desconociendo la responsabilidad del Estado. Los nuevos niños y niñas que nacerán en la calle serán esos jóvenes que dentro de unos años dirán que les gusta vivir ahí, así. La miseria es una imposición no una elección.

viernes, 13 de abril de 2012

Comentarios al Informe Nacional de Desarrollo Humano – 2011

Por Elizabeth Gómez Etayo, Socióloga de la Cultura

Cali, 11 de abril de 2012

El 11 de abril del 2012 nos honró con su presencia en la Universidad Autónoma de Occidente, el profesor y economista Absalón Machado, director académico del Informe Nacional de Desarrollo Humano, INDH- 2011, cuyo tema central es la tierra en Colombia. Me correspondió hacer unos comentarios a su presentación que quiero compartir con ustedes.

Me gustaría comenzar estos breves comentarios, presentando el poema de la caleña Doly Enríquez, quien hace un homenaje a las mujeres desplazadas en conmemoración del 9 de abril, Día Nacional de la Memoria y de la Solidaridad con las víctimas en Colombia (Artículo 142, Ley, 1448 de 2011, Ley de Víctimas):

Desarraigo
Ya no brilla el sol en tu pradera
Ahora, el barro tapa tu falda
Ruido y humo de ciudad
Callaron los cantos mañaneros
De tu campo/
Y las flores recogidas
Hoy son muros de cemento
Que retienen los silencios
De tu destierro/
Olores y sabores a café y guayaba
Sólo se quedan en tus recuerdos/
Y ahora, en medio de la nada
Añoras aquella casa
De la que un día
Corriendo te sacó la guerra/
(Doly Enríquez)

Quiero destacar que el primer aspecto del INDH que llamó poderosamente mi atención fue el reconocimiento a las mujeres rurales, indígenas, afros y campesinas que se hace en dicho documento. Pues no es común encontrar en las distintas investigaciones sociales en Colombia, salvo que específicamente tengan un enfoque de género o que sean dedicadas a las mujeres, reconocer que ellas tienen un lugar particular en las distintas dinámicas sociales y, en este caso rurales.

En este informe se reconoce que de las distintas formas de vulnerabilidad asociadas a la vida rural, las mujeres son quienes más vulnerables se encuentran, sufriendo distintas formas de discriminación negativa y empeorando su calidad de vida. El informe también destaca el lugar de las investigadoras sociales y en general de las profesionales que aportan al cambio social. Diría, pues, que en el INDH, las mujeres no fueron invisibles como en otro tipo de investigaciones; ese reconocimiento debe servir como referente en la caracterización que se haga de las distintas dinámicas sociales en Colombia, especialmente lo que tiene que ver con pobreza, marginalidad y exclusión social, tal como ya lo han hecho Libardo Sarmiento, Magdalena León o Donny Meertens, entre otros.

El segundo aspecto que llama la atención y sobre el cual propongo profundizar, es en el propio hecho de que un INDH se dedique a pensar la Colombia Rural y proponga algunas razones para la Esperanza. Es claro que vivimos de espaldas a esa Colombia rural, y que poco a poco hemos ido perdiendo el sentido de lo que ella significa en su dimensión espacial, económica, ambiental, social, cultural, política e institucional, tal como lo señala el informe. Esa actitud de negación con la ruralidad colombiana ha hecho que estigmaticemos, queriendo o no, a la población campesina, indígena y afro, asociando simbólica y materialmente el progreso y la modernización solamente con la vida urbana, en contraste con el atraso que supone la vida rural.

Sin embargo, el INDH nos muestra que el 32% de la población colombiana vive en condiciones de ruralidad y que de los 1.100 municipios colombianos el 75% de ellos es rural, lo cual nos invita a relativizar la concepción que tenemos de Colombia como un país en amplio y acelerado proceso de urbanización. Este informe hace un llamado de atención, tal como otras investigaciones lo han hecho, para pensar si nosotros, como sociedad colombiana, hemos tenido una modernización sin modernidad, en tanto se ha negado el pensamiento que se produce en los distintos rincones de la geografía nacional y se ha negado, de hecho, la tercera parte de la población que habita este territorio.

El informe es claro en señalar que Colombia entró en un proceso de modernización urbana sin solucionar los problemas del campo y, aunque dependemos de él, paradójicamente le damos la espalda, privilegiando un modelo de desarrollo insostenible basado especialmente en consideraciones económicas, contribuyendo también a construir identidades urbanas abiertamente opuestas a las rurales, quienes sufren con mayor rigor la ausencia y precariedad del Estado colombiano. No resolver los problemas del contexto rural colombiano incide también en los problemas ligados al desarrollo urbano, pues son espacios relacionales. Nuestra vida en las ciudades (agua, oxígeno, energía eléctrica y alimentos) depende del campo.

Por otro lado, luego de leer este resumen del INDH y asumiendo que en estas 80 páginas se condensa la esencia del informe completo, queda un gran interrogante sobre las verdaderas razones para la esperanza, puesto que, a pesar de que el informe señala de que al ser el orden social construido, también puede ser transformado y que el actual gobierno colombiano está dando muestras de que es posible pensar un modelo de desarrollo distinto donde se contemple la ruralidad en una dimensión integral, incluyente y democrática, queda para la discusión tal apreciación.

Puesto que, sin bien es cierto que la Ley de Tierras y la Ley de Víctimas podría denotar un avance en materia de derechos y reconocimiento de la población campesina, indígena, afro y rural en general, no se puede soslayar el hecho de que más contundente que estas leyes, parece ser el rearme de grupos paramilitares que tratarán de impedir a toda costa que la población campesina desplazada vuelva a sus territorios, y por otro lado, las locomotoras del desarrollo del actual gobierno, son francamente maquinarias de expoliación del campo y de sus recursos renovables y no renovables. Parece que el gobierno colombiano, así como los grandes industriales del agro vieran un campo sin gente, sin animales y sin medio ambiente, y sólo encontraran en él una minita de oro para explotar, saquear, expoliar y abandonar cuando le hayan exprimido la última gota de riqueza. Así las cosas, las razones para la esperanza se desdibujan.

De igual forma como las ciudades vienen presenciando un proceso de neoliberalización, que se traduce en mayores recortes de los derechos de la población, también el campo lo ha venido presenciando desde tiempo atrás cuando el gran capital comprendió la importancia del campo para la generación de los excedentes de capital. Un espacio rural en proceso de neoliberalización es un espacio donde predomina el mercado monopolizado y el Estado es cada vez más precario, cuando no, ausente.

A la explotación de materias primas sin mayor control por parte de las entidades ambientales dispuestas para ello, se opone un mercado de nuevas tecnologías que van compitiendo en precio con los recursos del suelo que el actual gobierno nacional entrega a las multinacionales sin mayor control. Es decir, esperanzados en obtener riqueza explotando nuestros suelos, nos encontramos con un mercado internacional que le resta valor a esas materias primas, saqueando nuestras selvas y montañas, en un escenario que nos recuerda la conquista del Dorado.

La propuesta del actual gobierno nacional de querer volver a los campesinos empresarios exitosos, no es más que el correlato de dominación y de expoliación de una globalización económica que viola identidades como la del campesinado colombiano que no sólo sobrevive a la incapacidad del Estado, a la violencia simbólica y física tanto de éste, como de otros grupos al margen de la ley, sino al desconocimiento de un proceso hegemónico que busca empobrecernos culturalmente y por ese camino, permitir que la racionalidad acumulativa triunfe sobre la que por largos años han defendido campesinos, afros e indígenas.

Estamos ante otro ejemplo claro de como el Estado se viene convirtiendo en un buen negociador ante los actores de la economía global de todos aquellos territorios productivos y rentables. Un negociador que transforma el territorio nacional en un territorio en venta para la economía global capitalista.

Finalmente, sería importante profundizar en cuál es el papel que juegan las organizaciones comunitarias de base, indígenas, afros, campesinas y de mujeres rurales en la construcción de un nuevo orden social que nos conduzca a una sociedad incluyente, democrática y ambientalmente sostenible, para vislumbrar desde allí nuevas razones para la esperanza.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Patio de escuela

Por Elizabeth Gómez Etayo, Socióloga de la Cultura

Cali, 28 de marzo de 2012

Es poco frecuente en estos tiempos, encontrarnos con una Maestra de Escuela comprometida con su labor educativa. Pero que las hay, las hay. Conozco varias de ellas y sé de sus preocupaciones porque los niños y las niñas que tienen bajo su tutela, sean personas íntegras que contribuyan a una mejor humanidad y que, además, siendo estudiantes de escuela pública, tengan acceso a las mismas condiciones que ofrece la educación privada, de forma que al egresar del sistema educativo compitan en igualdad de condiciones en el mercado laboral y en general, estén bien preparados para la vida.

Sin embargo, el panorama, sobre el cual sostuve conversaciones con una maestra, nos muestra que la realidad de la escuela pública desborda sus loables intenciones, al no encontrar ni las condiciones materiales para desarrollar bien su tarea día a día, ni el acompañamiento entre sus colegas para desarrollar tal labor lo mejor posible.

La labor de educar debería ser una de las más reconocidas y mejor remuneradas en cualquier sociedad. Pues sobre sus hombros recae, nada más y nada menos, que formar integralmente a todo un pueblo. Bien sabemos que no es así, como también que la realidad de las escuelas, tanto en la sala de aula como en el patio de recreo nos está diciendo hace mucho rato y no le hemos prestado la suficiente atención, que los distintos y graves problemas sociales de desigualdad, exclusión y marginalidad se reproducen en la escuela. Quiero compartir en esta breve crónica algunos apartes de mis conversaciones con una maestra.

Encontramos niños cursando la primaria e integrando las llamadas “bandas”, y no es un juego. No están jugando a policías y ladrones. Tristemente, están entrenándose desde pequeños para ser reconocidos y ascender socialmente a través de la violencia, y para ello deben entrenarse en el uso de armas blancas, cuyos sucedáneos son el compás, las tijeras y un lápiz con buena punta. Instrumentos de educación que antes eran usados para la clase de geometría, dibujo y manualidades, ahora son usados por algunos chiquillos, como el arma perfecta para atacar a sus compañeritos en el recreo.


¿Qué tipo de sociedad hemos construido, para que los niños aspiren a ser malandros? Atención, son especialmente los niños, varones, sujetos masculinos, los que están construyendo este tipo de aspiraciones, las situación de las niñas será motivo de otra reflexión.

Entremos un poquito en la vida de esos niños. Es importante decir que su escuela y sus viviendas no están ubicadas en los sectores más periféricos de la ciudad, por el contrario, viven y estudian en barrios céntricos de Cali. Señalo esto, porque nos acostumbramos a creer que en los barrios más pobres de las ciudades, donde se reproducen todo tipo de desigualdades, son los únicos donde estos problemas afloran. Es claro que las distintas marginalidades contemporáneas han corrido su cerco y es casi imposible no toparnos a diario con algún ejemplo de ellos en nuestro camino.

Los niños se están criando con abuelas, adultas mayores, que no están ni edad ni en condiciones materiales de criar nietos. Ellas están lidiando con su propia pobreza, y encima, han heredado, paradójicamente, la responsabilidad de criar a los nietos, cuyos padres y madres han viajado al exterior con la promesa incumplida de enviar dinero para su sostenimiento y algún día “mandar por ellos”, o han viajado a otra ciudad colombiana con la misma sana intención, o simplemente se han desentendido de su responsabilidad de criar hijos porque éstos llegaron sin esperarlos, sin desearlos y, como suele sucederle a muchos, se asustaron con el regalo.

Los niños tienen problemas de conducta porque nunca han tenido normas ni han acatado órdenes. No respetan la autoridad, porque en casa no la tienen y la maestra de escuela tampoco es un referente suficiente para ser reconocida como tal. La única autoridad que reconocen es la del “duro” del barrio, el que les proporciona armas y drogas y le enseña que por esa vía puede obtener reconocimiento y prestigio, pero debe entrenarse desde pequeño para tal fin. El capo del barrio le muestra cómo es un hombre de verdad. Hombre violento. Hombre que agrede. Hombre que gana respeto y reconocimiento mediante la fuerza. Modelos de ser hombre que reproducen los medios de comunicación, a través de noticias guerreristas, políticos vociferando al mismo tiempo que bendicen y novelas tristemente célebres que promueven un hombre violento, capo y agresivo.

Distintos niños en distintas escuelas manifiestan conformar una “banda” y, haciendo gala de su posición, cometen todo tipo de atropellos contra sus compañeritos; los castigos nos les valen, no hay padres ni madres de familia para llamarlos a una reunión, la abuela está asfixiada en la precariedad económica y sus colegas consideran que la situación no es tan grave. Algunas maestras se resisten a aceptar que sus niños y niñas sean candidatos a sicarios, bandoleros o cualquier forma de criminales. La responsabilidad de la pasa por la convivencia y no solamente por las matemáticas y la biología.

Una de las principales labores educativas de hoy, sería formar a estos niños para que sean ciudadanos íntegros y no limitar la educación a formas tradicionales de transmisión de conocimientos. Un copiar y hacer ejercicios de libros sin sentido. ¿Se imaginan como cambiaría nuestro país, si los 200 mil maestros en Colombia, por lo menos lo que pertenecen a la red pública, los del magisterio, se comprometieran a educar bien nuestros niños y niñas? Otro sería el cantar!

miércoles, 14 de marzo de 2012

La respuesta desatinada de SoHo a Hola

Por
Elizabeth Gómez Etayo, Hernando Uribe Castro, Germán Ayala Osorio,
Guido Germán Hurtado Vera y Carmen Jimena Holguín

Docentes de la Facultad de Humanidades
Universidad Autónoma de Occidente
Cali, 14 de marzo de 2012

En diciembre de 2011 la revista española Hola publicó una polémica fotografía ilustrando el artículo titulado “Las mujeres más poderosas del Valle del Cauca en Colombia”. Tal imagen presentaba, en primer plano, a cuatro mujeres blancas sentadas sobre sus muebles blancos, luciendo sus finas, aunque informales, ropas blancas con delicado decorado; y al fondo, en un segundo plano, aparecían dos mujeres negras evocando la servidumbre con sus pulcros uniformes blancos, llevando en sus manos bandejas con vajilla de cristal que se incluyen como parte del cuadro del lugar. Para completar la escena, concebida editorialmente y aceptada por las señoras blancas, aparece, al fondo, una piscina y la vista panorámica de la ciudad de Cali. Una imagen que, sin duda, oculta mostrando. Al respecto, planteamos que este era un claro ejemplo de violencia simbólica reproducida por los medios masivos de comunicación.

En palabras de Pierre Bourdieu, genera representaciones diferenciadas de clase social, de género y de raza para quienes las observan; reproduciendo discursos de los roles y estatus que la sociedad ha trasmitido y que ciertos grupos sociales simbolizan dentro de la estructura de la sociedad, que para nuestro caso evocaría el papel de las mujeres “afrodescendientes”. Mujeres que, por lo general, cumplen roles de servidumbre en casas y haciendas de mujeres poderosas (ricas, afamadas, influyentes y con reconocimiento social) que los medios de comunicación intentan imponernos como un patrón a seguir, sin detenerse a pensar lo que implica alcanzar dicho estatus, en materia de derechos, dominación y violencia cultural.

Tres meses después, en marzo de 2012, la Revista colombiana SoHo, bajo la dirección de Daniel Samper Ospina, con el aparentemente ánimo de reivindicar a la mujer negra y darle un lugar protagónico y en clara respuesta a la imagen registrada en la Revista Hola, hace un estudio fotográfico con cuatro despampanantes mujeres negras y publica una fotografía de tales beldades desnudas. La fotografía muestra a cuatro mujeres negras sentadas en poses sensuales, con un bronceado perfecto destacando sus curvas y pieles ébanos brillantes y seductoras, en un contexto tropical, con una piscina al fondo y de nuevo, como en Hola, incluyendo la servidumbre, pero ahora, con mujeres supuestamente blancas, pero que realmente son mestizas y humildes, como parte del decorado general.













http://www.soho.com.co/home

Una de las modelos que posó encantada para la fotografía, Belky Arizala, directora de la fundación “El alma no tiene color”, argumenta que aceptó posar desnuda para sentar su voz de protesta frente a la discriminación y, por su parte, el director de la revista, Daniel Samper Ospina señaló que es una reivindicación de la mujer negra. ¿Reivindicación de qué? Nos preguntamos nosotros. ¿Frente a qué estás protestando, estimada Belky?
Esta nueva imagen evidencia una situación igual y tal vez, mucho peor que la foto publicada en Hola. El trasfondo de discriminación racial se mantiene, pues no sólo usa el mismo tipo de estrategia, sino que de fondo existe una intencionalidad de dar respuesta, bastante desatinada, que realmente sólo obedece a lógicas del mercado y de la sociedad de consumo, a un hecho que socialmente generó el rechazo e indignación por parte de diversos sectores de la sociedad, entre ellos el académico.


Cuestionamos esta respuesta de la Revista SoHo porque hace uso del mismo tipo de estrategia de violencia simbólica doblemente intencionada y manipulada, que confunde la ciudadanía y manipula la opinión pública. Usar un grupo de mujeres afrodescendientes imitando la escena de la fotografía de la revista Hola, reivindica la mujer negra como un objeto sexual, cosificado, que privilegia la superficialidad de la imagen del cuerpo, con el agravante, además, que en este caso, no aparece un discurso, una razón o motivo distinto a sentimientos de venganza y retaliación.
No aparecen las mujeres negras como señoras de la alta sociedad, tal como sí son mostradas las blancas en la imagen anterior y que originó esta desacertada respuesta de parte de SoHo, sino que su valor en tanto mujeres negras se minimiza a la estética sensual y al discurso sexual impuesto por la cultura machista y por esa ideología del gran macho que reproduce SoHo, elevando al estatus de mercancía el cuerpo femenino; es esa apuesta editorial, periodística e ideológica de la revista SoHo la que alimenta ese apetito masculino, de allí que sea una revista para Hombres. No se destacan las mujeres negras por sus cualidades intelectuales, artísticas, culturales, sociales o por sus habilidades como empresarias, no. Se destacan como símbolo sexual, como simples objetos sexuales.


Para los medios de comunicación y, de manera particular, para SoHo, la imagen desnuda de la mujer es un instrumento de las fuerzas del mercado que le posibilita ganar adeptos- y adictos a los desnudos- en la sociedad de consumo, más allá de ser un canal de formación ciudadana. Este medio es un actor más que, con sus propios intereses, dista mucho de cumplir con una función social de formación democrática fundada en un periodismo cívico y crítico, de denuncia o reivindicación.


Por el contrario, SoHo entroniza en sus lectores el valor de uso y de consumo que sobre lo femenino, insisten otros actores de esa perversa industria cultural que insta en mantener esa idea de Hombre y de Macho, soportada en que su felicidad está exclusivamente en consumir mujeres. En lugar de proponer otro tipo de hombre capaz de construir relaciones simétricas y respetuosas con las mujeres, con el cuerpo femenino, la señalada revista persiste en un imaginario colectivo que termina confirmando ese carácter premoderno de un país y de una sociedad que culturalmente son conservadoras, violentas y excluyentes.


Es claro que SoHo usó como estrategia de venta, tal como lo ha hecho en otras ocasiones, la aparente reivindicación de la mujer negra. Pues en la imagen no existe un discurso que dimensione el rol político y social de la comunidad afrodescendiente. De aquellas mujeres que ocupan lugares en los distintos ámbitos de la sociedad, desde aquellos espacios donde aportan a la construcción de una sociedad diferente, o desde donde se denuncian injusticias y todo tipo de desigualdades y desde los cuales se lucha contra posturas discriminatorias y de segregación social.


Las mujeres jefes hogar y madres cabeza de familia, mujeres lideresas de comunidades y gestoras de procesos de paz, mujeres en las esferas del gobierno desde donde aportan a la edificación de un tipo de sociedad distinta que reconoce el aporte de los grupos minoritarios.

Lo que este tipo de respuestas genera en los ciudadanos es “un efecto de realidad” que puede mostrar y hacer creer lo que se muestra, que puede conllevar a un tipo de representación de la mujer que dista de ser real en la medida en que, en la vida cotidiana, la mayor proporción de mujeres, no se corresponden con las mujeres construidas por el mercado y visibilizadas a través de los medios de comunicación. Tanto SoHo como Hola hacen una discriminación racial y social de la mujer, con el agravante de que la primera, en una pretendida reivindicación racial, termina usando con fines meramente comerciales la imagen de la mujer afro.


Y frente a la postura que intenta, cual héroe, reivindicar la mujer negra, hay un situación particular: una visión práctica que les lleva a sacar el mayor partido, de las posibilidades que les ofrece el instrumento mediático del que disponen. Cabe, entonces, una reflexión más profunda y tiene que ver con la imagen que los responsables de los medios de comunicación tienen y dan de estos y de la verdad de su acción e influencia. Los medios de comunicación son, en conjunto, un factor de despolitización que actúa principalmente sobre las fracciones de clase más despolitizadas del público.


Esta banalización de la mujer negra excluida que hace SoHo, respondiendo a Hola, es mucho peor porque desdibuja más el rol de la mujer en una sociedad como la colombiana, y es por ello que como ciudadanía tenemos el deber y el derecho de combatir, pues sus efectos son tremendamente funestos para la cultura y la democracia.

lunes, 5 de marzo de 2012

EL DERECHO DE LAS MUJERES A UNA EDUCACIÓN DIFERENCIADA

Por Elizabeth Gómez Etayo, Socióloga de la Cultura.
Cali, 8 de marzo de 2012.
En la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Occidente, donde soy profesora, se realizan cada semestre una serie de foros sobre derechos, cada docente debe preparar un pequeño artículo para entregarlo al estudiantado y participar del foro. Este semestre el Foro será sobre el Derecho a la Educación y aproveché la ocasión para hablar sobre el derecho que deberíamos tener las mujeres a una educación diferenciada. No podía perder esta oportunidad, puesto que por cosas del destino o quién sabe qué conjunción astral a mí me tocó hacer mi participación en el foro justamente el día 8 de marzo. A continuación presento lo que les diré a mi auditorio estudiantil.

He querido hacer esta reflexión sobre el Derecho de las mujeres a una educación diferenciada, haciendo un breve repaso de cuál ha sido y es la situación de la Educación de las Mujeres en Colombia y en el mundo, con el fin de contribuir, con esta reflexión, a la conmemoración del Día Internacional de la Mujer. Aunque desde hace más de dos siglos se hizo la Declaración Universal de los Derechos Humanos, desde entonces y hasta ahora la mujer ha sido discriminada negativamente por distintas razones, pero especialmente por su género -por su condición femenina-. Fue por eso que Olympes de Gouges tuvo la osadía de escribir en 1791 La Declaración de los derechos de la Mujer y la ciudadana, parafraseando irónicamente la Declaración Universal de los Derechos del hombre y del ciudadano de 1789, de los que estaban excluidas las mujeres, aunque fueran burguesas.

Aún hoy, cuando estamos conmemorado más de un siglo de luchas de mujeres obreras (1909), motivo por el cual se conmemora y no se celebra el Día Internacional de la Mujer, muchas mujeres no gozan a plenitud de sus derechos como seres humanos e inclusive en muchos contextos la mujer no es considerada como sujeto de derechos. La negación de los derechos de las mujeres se manifiesta, entre otras cuestiones, en la manipulación y comercialización de su imagen y de su cuerpo. Cuando compartí con mis colegas que quería hablar sobre los derechos que deberíamos tener las mujeres a una educación diferenciada, me preguntaron por qué debería ser así, puesto esto aparentemente generaría más desigualdad; atiné a decir que en contextos de exclusión, especialmente de género, se deben hacer acciones afirmativas para discriminar en positivo lo que por siglos ha sido marginal. En medio de ese debate, llegó a mis manos este pequeño artículo que nos ilustra sobre cómo sería posible educar a las niñas, a las jóvenes y futuras mujeres, de una forma diferente. Educarlas para que sean sujetos pensantes, sujetos libres y críticos, que puedan tomar decisiones y no ir al ritmo que marque el mercado, los medios de comunicación y la sociedad patriarca. Esto articulo ilustra justamente lo que quiero compartir:

“Cómo hablarles a las niñas pequeñas
Por Lisa Bloom Traducción de Hernán Echavarría
El fin de semana pasado fui a una cena en la casa de una amiga, y conocí a su hija de 5 años. La pequeña Maya tenía el cabello castaño y crespo, ojos oscuros, y se veía adorable en su vestido rosado y brillante. Me provocaba decirle: "¡Maya, eres muy linda! ¡Pero, mírate! ¡Hermosa, date la vuelta y muéstrame ese vestido de volantes tan bonito!" Pero me reprimí y no lo hice. Siempre que conozco niñas pequeñas me muerdo la lengua y me abstengo de ese primer impulso de decirles que están lindas/bonitas/hermosas/bien vestidas/bien arregladas/bien peinadas.

¿Qué tiene eso de malo? En nuestra cultura, esa es la forma más común de romper el hielo cuando se habla con niñas pequeñas, ¿no cierto? Y ¿por qué no hacerles un cumplido sincero que les aumente la autoestima? Si es que son tan encantadoras, que, de verdad, me derriten cuando las conozco. Dejemos esa idea quieta por un momento.

Esta semana el noticiero del canal ABC informó que a casi la mitad de las niñas entre los 3 y los 6 años de edad les preocupa ser gordas. En mi libro, Pensar: Una conversación clara para que las mujeres sean inteligentes en un mundo idiotizado, revelo que ahora entre el 15 y el 18% de las niñas menores de 12 años usan regularmente pestañina, delineador de ojos y labial; los desordenes alimenticios han aumentado; y un 25% de jóvenes estadounidenses preferirían ganar el concurso America's Next Top Model que ganar el premio Nobel de la paz. Incluso mujeres universitarias, exitosas y brillantes dicen que preferirían "estar buenas" que ser inteligentes. Hace poco, una madre de Miami murió debido a una cirugía cosmética, dejando solas a dos hijas adolescentes. Este tipo de cosas continúan ocurriendo, y me rompen el corazón.

Enseñarles a las niñas que su apariencia es la primera cosa que uno nota les está diciendo que la imagen es más importante que cualquier otra cosa. Las prepara para hacer dieta a los 5 años, usar maquillaje a los 11, obtener implantes de senos a los 17 y recurrir al Botox a los 23. Como la tendencia de nuestra cultura a que las chicas sean atractivas las 24 horas del día y los siete días de la semana se ha convertido en algo "normal", las mujeres estadounidenses son cada vez más infelices. ¿Qué hace falta? Una vida con sentido, una vida de ideas, lecturas de libros y ser valoradas por sus pensamientos y sus logros.

Por eso es que me obligo a mí misma a hablarles así a las niñas pequeñas:
--Maya --Le dije, mientras me agachaba a su nivel y la miraba a los ojos. --Mucho gusto en conocerte.
--Mucho gusto --Me dijo, con esa voz de niña buena, educada y entrenada para hablarle a los adultos.
--¿Y qué estás leyendo? --Le pregunté, con un brillo en mis ojos. Adoro los libros. Me vuelvo loca por ellos y se lo hice saber.
Ella abrió los ojos, y la expresión facial educada y postiza dio lugar a un entusiasmo genuino sobre este asunto. Sin embargo, ella se contuvo, un poco tímida de mí, una desconocida.
--Me ENCANTAN los libros, --Le dije. --¿Y a ti?
A la mayoría de los niños les encantan.
--SÍ,--Me dijo. --¡Y ya soy capaz de leerlos yo sola!
--¡ah, asombroso! --Le dije. Y lo es, para alguien de 5 años. Muy bien por Maya.
--¿Cuál es tu libro favorito? --Le pregunté.
--¡Voy a traerlo! ¿Te lo puedo leer?
Yo no conocía el libro que trajo Maya: Purpu delicioso. Ella se sentó junto a mí en el sofá y muy orgullosa leyó en voz alta cada una de las palabras acerca de la heroína de la historia, que le encantaba el color rosado, pero era molestada en la escuela por un grupo de niñas que sólo se vestían de negro. Desafortunadamente era un libro sobre niñas y la ropa que se ponen, y cómo las elecciones de vestuario definían sus identidades. Pero cuando Maya terminó de leer, yo desvié la conversación hacia los asuntos más profundos del libro: niñas odiosas, la presión de los compañeros de clase y el no encajar con el grupo. Le conté que mi color favorito es el verde, porque me encanta la naturaleza, y a ella le gustó ese razonamiento.

Ni una sola vez hablamos sobre vestuario, o cabello, o el cuerpo, o quién era bonita. Es sorprendente lo difícil que es mantenerse alejado de esos temas cuando se habla con niñas pequeñas, pero yo soy terca. Le conté que había terminado de escribir un libro, y que esperaba que algún día ella también escribiera uno. Esa idea la entusiasmó de verdad. Las dos estábamos tristes cuando llegó la hora de que Maya se acostara, pero le dije que la próxima vez escogiera otro libro y que íbamos a leerlo y a hablar sobre él. ¡Ja! Eso la animó demasiado como para irse a la cama, y varias veces regresó de su cuarto toda entusiasmada.

Ese fue mi pedacito de oposición a una cultura que envía toda clase de mensajes erróneos a nuestras niñas. Un pequeño esfuerzo por la valoración del cerebro femenino. Un momento corto e intencional de dar un buen ejemplo. ¿Será que esos pocos minutos que pasé con Maya van a cambiar nuestra multimillonaria industria de la belleza, reality shows que degradan a las mujeres, nuestra cultura obsesionada con las celebridades? No. Pero por lo menos por una noche le cambié la perspectiva a Maya.

Intenten hacer esto la próxima vez que conozcan a una niña pequeña. Puede que al principio ella se sorprenda y esté insegura, porque muy pocos les han preguntado por su opinión, pero tengan paciencia y no abandonen la idea. Pregúntenle qué está leyendo. ¿Qué le gusta y qué no le gusta? Y ¿por qué? No hay malas respuestas. Simplemente van a estar generando una conversación inteligente que respeta el cerebro de la niña. Con una niña mayor, pregúntenle por eventos actuales: contaminación, guerra, recorte de presupuesto en las escuelas. ¿Qué le molesta de la realidad del mundo? ¿Cómo lo arreglaría si tuviera una varita mágica? Es posible que obtengan respuestas fascinantes. Háblenle sobre sus ideas, logros y libros favoritos. Denle un ejemplo de lo que una mujer inteligente dice y hace. Para que cambiemos el mundo, de a una niña a la vez.”
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Considero que las mujeres deben tener derecho a una educación en condiciones de equidad. ¿Qué significa esto? Darles las mismas opciones de educación a las mujeres es educarlas de acuerdo con sus características y necesidades en un mundo de exclusiones, especialmente masculinas. Las mujeres deben educarse desde niñas para ser sujetos plenos de derechos, donde sean destacadas por su inteligencia, inventiva, capacidad crítica y de raciocinio, y no solamente por su belleza, encanto y capacidad de seducción.

En nuestra sociedad todo está dispuesto para que las mujeres, a pesar de asistir al sistema educativo, sean criadas y educadas para ser objetos de decoración y dependientes tanto de los caprichos masculinos como del vaivén de la moda y del mercado. Construiremos una sociedad más justa y democrática, cuando las mujeres sean reconocidas como un par, como otro, como un sujeto; este era justamente el gran reclamo que hacía Simone de Beauvoir, filósofa francesa en los años sesentas del Siglo XX, en su libro El segundo Sexo, donde se consigna la gran máxima de que la mujer no nace sino que se hace. Por eso aprovecho hoy, 8 de marzo, Día internacional de la mujer trabajadora, para conmemorar, para hacer memoria, y no sólo para celebrar.

Foro Mujer Salud y Pobreza

Para conmemorar el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, la Facultad de Humanidades de La Universidad Autónoma de Occidente invita al:

FORO:
MUJER, SALUD Y POBREZA

Invitada Especial:
Janeth del Pilar Valencia Lerma
Directora de la Asociación Lila Mujer

Modera:
Profesora Elizabeth Gómez Etayo

Lugar: Torreón 1A de Aulas4
Día: 8 de marzo de 2012
Hora: 10:30 am – 12m.

viernes, 10 de febrero de 2012

Degradación Humana ¿Cuál es el límite?

Día tras día la degradación humana nos sigue mostrando sus peores muecas. “Vivir es peligroso” decía el poeta brasileño Guimarães Rosa, y una estudiante añadió ayer: “tanto, ¡que uno sale muerto!”, pero hay de muertes a muertes. Una cosa es morir de viejo o en un accidente y otra cosa es que a uno lo mate el papá o un compañero de colegio o un policía por pintar una pared.



El 28 de enero de 2011 un niño de 8 años fue reportado como desaparecido en Manizales, días más tarde su cuerpo sin vida es encontrado en el municipio vecino de Villamaría, con señales de asfixia mecánica: el principal sospechoso es su padre o padrastro. Datos sin confirmar. El 26 de enero de 2011 también fue reportado como desaparecido un niño de 11 años del barrio Siloé en las laderas de Cali, días después, su cuerpo sin vida y con señales de violencia fue hallado en el municipio de Villa Rica, el mismo que fue víctima de un atentado terrorista donde murieron el comandante de policía y 6 civiles, el pueblo aún llora sus muertos. El 6 de febrero un adolescente mata a su compañero de estudios con unas tijeras en un colegio al oriente de Cali.


En Bogotá, las madres del graffitero asesinado por un policía y la madre del policía que asesinó al graffitero dan sus testimonios de dolor y las dos claman justicia. La una porque se penalice justamente el asesino de su hijo, y la otra pide indulto por su hijo policía argumentando que cumplía con su deber. Las opiniones públicas se dividen a favor y en contra. Pero, si uno raya una pared y esto comporta contravención, pues la pena es limpiarla y dejarla como estaba, pero no lo pueden matar por hacer un grafiti. Y lo peor es que buena parte de la sociedad apoya al policía. ¿Qué sociedad es esta que mata sus niños y jóvenes? Me llama la atención que tanto víctimas como victimarios sean hombres, varones, sujetos masculinos. Sobre esto venimos discutiendo con algunos colegas y queremos investigarlo a fondo.




Tenemos una gran confusión con la defensa de la vida, con la garantía de los derechos, de las libertades individuales, de la dignidad humana. La sociedad colombiana pone en un duda si la vida es un derecho inviolable, no se sabe qué es lo justo y qué lo injusto, qué es lo bueno y qué es lo malo. Y tanto los medios de comunicación como el Estado contribuyen en esta confusión, pues quizás este sea el único país donde el presidente sale a pedir perdón cuando la justicia, aunque cojeando, llega. Me refiero, por supuesto, a que Santos le pida perdón a Belisario Betancur por la posibilidad de que fiscalía lo llame a cuentas para aclarar su responsabilidad en el caso del genocidio del Palacio de Justicia y por el cual fue condenado a 30 años el general retirado Plazas Vega.


Por eso veo en todas estas distintas situaciones ejemplos de degradación humana. Me espanta tanto que un padre asfixie a su hijo, como que un policía mate a un joven graffitero como que un presidente le pida perdón a un expresidente por ser juzgado. Es claro que la degradación del mundo no es sólo ambiental, sino, y especialmente, social.

jueves, 9 de febrero de 2012

¿AGUA POR ORO?

Cali, 9 de febrero de 2012

Siendo el agua un elemento fundamental para la vida en el planeta los humanos actuamos como si no lo fuera. No son pocas las denuncias que ambientalistas, científicos y moradores de las riberas de las cuencas hidrográficas han hecho sobre la contaminación y degradación permanente de los afluentes que bañan nuestras regiones y de la cual nos abastecemos para el consumo humano.

Sin embargo, las medidas legales y administrativas son pocas o nulas para detener esta contaminación histórica y acelerada que está llegando a límites críticos en la actualidad. Parece que cuando se habla de la crisis del agua, nos remitiéramos a las sequías africanas y no a la contaminación de los ríos con los que nos abastecemos a diario.

Diversas organizaciones, científicos y activistas ambientales, han alertado sobre la presencia de metales pesados y altamente contaminantes como el cianuro, el mercurio, el cadmio y el plomo, que trae efectos nocivos en la vida humana, animal y vegetal, específicamente en el sistema nervioso central. Sin embargo, los ríos se siguen contaminando como si hablar de contaminación ambiental y contaminación del agua, fuera un asunto lejano, sin mayores riesgos y no con daños a nosotros mismos, sin que las autoridades competentes hagan algo para detener el impacto de actividades mineras y forestales en las cuencas hidrográficas.

Estos ríos han sido y aún son contaminados por minas de carbón y de oro establecidas legal e ilegalmente, sobre las que el Estado nacional, regional y local no ejerce mayores controles, bien por su precariedad institucional, la incapacidad técnica de los funcionarios responsables de los asuntos ambientales o por el clientelismo de siempre, que termina sirviendo a los intereses de mineros, legales e ilegales, que explotan oro y carbón en zonas protegidas, especialmente en nacimientos de afluentes e incluso, en los terrenos de ríos tributarios, que no pueden destinarse a fines mineros.

En el Valle del Cauca se han denunciado los casos de Zaragoza y los Farallones de Cali, particularmente el caso de la región el Buey, Vereda de Peñas Blancas, que afecta directamente a los ríos Cali, Felidia, Anchicayá, y quebradas de los corregimientos de Felidia, la Leonera, los Andes y Pichindé, el acueducto de San Antonio y hasta del rio Cauca, debido a que estos ríos, como todos los de estas cuencas, desembocan ahí. La explotación minera a cielo abierto y la clásica de socavones están causando daños irreparables tanto en Zaragoza como en los Farallones de Cali, tal como ha ocurrido en Marmato, Caldas, en el Norte de Nariño y en Cajamarca, Tolima.


La calidad del agua que abastece la población es cada vez peor, pues al aumentar el volumen de lluvias y por tanto de los ríos, el tratamiento del agua potable es cada vez más difícil y costosa, esto sumado a los contaminantes ya señalados. La depredación, la tala y la asignación de tierras para la ganadería de ladera, afecta los caudales por la pérdida de los llamados ‘bosques de galería’ y la sedimentación de los ríos, así como la pérdida de la capa vegetal y protectora de los suelos. De nuevo, estamos frente a una cadena de hechos que trae como consecuencia unos efectos que han sido previamente anunciados, pero frente a los cuales ninguna autoridad ambiental, ni cívica, ni estatal, toma las medias del caso.

Esa especie de inacción política, ciudadana e institucional, se da por la inercia de una sociedad atomizada en sus intereses, necesidades e incertidumbres, a la que se suman la de un Estado precario en lo que tiene que ver con el cumplimiento de la función pública, y la de unos actores privados, cuyos intereses son alimentados por un mercado creciente que invita a la depredación ambiental, que incluye, por supuesto, la contaminación del agua.

De seguir así, contaminando el agua y talando los bosques, Colombia podría convertirse en una gran Cerrejón, como ya lo han advertido expertos ambientalistas. ¿Vale la pena cambiar agua por oro?


viernes, 20 de enero de 2012

CULTURA DE MAQUILLAJE

Cali, 20 de enero de 2012.

Llueven críticas sobre las mujeres (y también sobre algunos hombres) que deciden hacerse diversos tipos de cirugía para lucir mejor de acuerdo con los actuales estándares estéticos, aún a costa de la propia salud. Mujeres jóvenes mueren en el quirófano por una rinoplastia, mamoplastia, abdominoplastia o gluteoplastia mal practicadas (las cuatro nuevas operaciones básicas) y de un cuerpo soñado, esbelto y modelado a veces sólo queda el cadáver y en ocasiones marcas de por vida. Sí, estamos frente a nuevas estéticas, frente a bellezas de maquillaje. Siendo el cuerpo un producto cultural y no sólo natural, también puede ser, y de hecho es, moldeado, fabricado y retocado. Estos prototipos de seres humanos, tipo marketing, está llevando no sólo a que las personas no se acepten a sí mismas sino a que descalifiquen a los demás que no cumplan con tales estándares construidos.
Pero la cultura del maquillaje no sólo se manifiesta en estos pobres seres humanos que quieren lucir mejor a cualquier costo, sino que también se manifiesta en muchos aspectos de la vida cotidiana. Todo quiere ser maquillado. Frente a un funcionario público o cualquier prestador de servicios la gente pide favores, no solicita o exige servicios, y cuando tal tarea es hecha, el ciudadano de a pié se desvive en agradecimientos, con un “muy amable”, “dios le pague”, “tan querido”, como si no fuera suficiente un simple, pero cordial y sincero “gracias”. Sociedades de máscaras y fachadas, producto de un sistema económico depredador.
El lenguaje, que sirve tanto para criticar como para enmascarar, lo transformamos a diario, le cambiamos el nombre a las cosas y hasta algunos verbos entran en desuso por una extraña vergüenza. Ya nadie quiere prestar atención ni poner cuidado, sino colocar atención. El verbo poner casi ha desaparecido y su lugar ahora lo ocupa hasta la saturación, el colocar. Coloque cuidado, coloque atención, colóquese una buena cola y colóquese en su lugar. Ese lenguaje seudo sofisticado también hace parte de la cultura del maquillaje. Falsos agradecimientos y falsa educación. Todos quieren parecer bonitos, bien hablados y bien educados en un mundo cada vez más empobrecido no sólo material sino cultural y por lo tanto humanamente pobre.
El mundo empresarial, donde caben también las empresas de servicios educativos, no está mucho mejor. Los planes de mejoramiento que las empresas diseñan para acreditarse realmente son un plan de maquillaje para aminorar fallas estructurales de su funcionamiento. Estar certificado, estar calificado y estar acreditado está de moda, como los senos voluminosos, y por lo tanto es necesaria una buena capa de maquillaje que soporte tal calidad. Los funcionarios de las distintas empresas, que “colocan” todo en su lugar, agradecen con un “muy amable” no con un “gracias” y hacen créditos para una buena “plastia” se sienten orgullosos de pertenecer a su empresa acreditada, haciéndole el juego a las falsas promesas de un sector financiero que con sus hilos invisibles construye ideas ilusorias de progreso.
Al parecer, tal maquillaje empresarial también logra ocultar que las condiciones laborales cada vez son peores en un mundo ordenado por un plan criminal. Y siguen luciendo una bella sonrisa que el último libro de autoayuda le ayudó a diseñar para convencerse de que todo está bien y así, también se maquilla el miedo de perder el empleo. Para los que no lo sabían, sólo se “colocan” objetos sobre una superficie. ¡Preste atención! Así como las mujeres sometidas a marcas de por vida, las organizaciones que maquillan su realidad, también van marcando un destino de por vida, pues su realidad se va cimentando sobre sofismas que le maquillan sus fallas estructurales.

miércoles, 11 de enero de 2012

CULTURA MACHISTA

Tanto Yuris Cantillo, la mujer con nueve meses de embarazo que fue agredida brutalmente por Samir Yepez, como él su marido agresor, son producto de una cultura machista instaurada en Colombia y que se perpetúa, a pesar de los comentarios de falsa moral que este hecho noticioso genera. Los dos comportamientos, tanto la agresión de él como la sumisión de ella, son injustificables, pero comprensibles.
La cultura machista colombiana genera este tipo de mujeres y de hombres que pululan por toda la geografía nacional y que no son propios ni de Barranquilla ni de la Costa Atlántica, tampoco de los pobres.

Esta cultura machista es alimentada por la inequidad social y por la que se genera entre hombres y mujeres, que no les ofrece ni a ellos ni a ellas, otra forma de construirse como seres humanos. Los hombres aprenden a golpear, humillar, beber y empeñar lo que sea para seguir bebiendo. Y las mujeres aprenden a soportar, aceptar y comprender a los maridos coléricos, borrachos y violentos; porque el peso social de ser una mujer separada, sinónimo de fracasada, es aplastante en nuestra sociedad machista.

En ese caso, la mujer argumenta que “no quiere ver a sus hijos crecer sin padre” y que además, también fue culpable de la agresión por haber irrespetado a su marido frente de sus amigos. Argumentos típicamente femeninos dentro de la cultura machista. Que no prepara a las mujeres para ser sujetos autónomos y plenos de derechos. Así son educadas las mujeres. Y el hombre pide perdón y se compromete con no volverlo a hacer. Así son educados los hombres. El que peca y reza empata.
El pueblo colombiano, que se sitúa frente a los noticieros, cada vez más amarillistas, sin elementos críticos, cuestiona y juzga el comportamiento de esta pareja desconociendo los contextos sociales, culturales y económicos. ¿Qué esperaban? ¿Acaso estos dos tienen otras condiciones, otras posibilidades, otras opciones de vida?

Dicen que la mujer puede y debe separarse, denunciar al agresor y que él se pudra en la cárcel. ¿Esto resuelve la situación? ¿Existen redes de apoyo jurídicas, psicológicas y económicas que sustenten la situación de la mujer y de sus hijos? La abogada feminista hace la denuncia de que este tipo de situaciones cada vez son más comunes en su ciudad, pero no existe ni allá, ni aquí una Red de atención especializada y funcionando que acoja este tipo de situaciones. Muchos de los que juzgan soportan también una pésima relación de pareja donde han soportado, no violencia física, pero sí infidelidad, alcoholismo, violencia sexual y psicológica, y no consideran que esto sea motivo de separación.

Mientras el Estado colombiano siga evadiendo su responsabilidad social de una educación plena, gratuita y de excelente calidad, donde las mujeres sean educadas en condiciones de real igualdad de derechos y mientras que los medios de comunicación y la publicidad sigan azuzando un modelo de feminidad-mercancía y una masculinidad-opresora, este tipo de tristes situaciones de pareja seguirán siendo la comidilla nacional.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

¿DEGRADACIÓN O CONDICION HUMANA?

Por Elizabeth Gómez Etayo y Germán Ayala Osorio,
Docentes Universidad Autónoma de Occidente

Varios estudios sociológicos consideran que la pobreza es una situación donde todos los derechos humanos están vulnerados. Es, entre otras, una prueba de hasta dónde resiste la condición humana circunstancias abiertamente indignas, pero que terminan aceptándose porque así lo dicta la economía del sistema mundo-capitalista o porque la solidaridad humana es escasa. Insistimos en que la condición humana tiene un lado perverso. Y es así porque exhibe una inteligencia arrogante, capaz de hacer sufrir a todo ser que respire y sienta en este mundo. Una inteligencia que si bien ha estado al servicio de la salud, de la guerra y de todo eso que llaman progreso, pocas veces ha estado al servicio de la felicidad.
La exclusión social y la inequidad en la distribución de los recursos son ambientes propicios para que la vida de los seres humanos cada vez valga menos. Aunque en la opulencia a la vida también se le pone precio, es en condiciones de pobreza y miseria, cuando ésta se subvalora de tal forma, que sólo alcanza notoriedad en los textos noticiosos, verdaderos obituarios en los que los pobres son importantes.
A diario conocemos distintos ejemplos de degradación humana que dan cuenta de ello, alimentando una bomba social cuya explosión se dilata, pero que se constituye en una amenaza latente. La pobreza no es la causa de la violencia, por supuesto que no. Es la riqueza concentrada y la inequidad en la distribución de los recursos lo que genera un odio social que nos está llevando a estos casos extremos de degradación humana. También la falta de una educación integral que nos prepare no sólo académica, sino humanamente para vivir en sociedad de manera solidaria. También contribuye a esta degradación, la promoción de una cultura banal donde se ha perdido el sentido de la vida como valor supremo.
Una industria cultural que empobrece la condición de la mujer al exhibirla como una mercancía, como un objeto sexual consumible al mejor postor; una publicidad que insiste en ponerla como objeto decorativo en eventos, fiestas, exposiciones; una cultura machista de la que hacen parte millones de mujeres, que crían hombres dependientes quienes esperan con ansia ser atendidos por mujeres (madres, hermanas, amigas) en disímiles prácticas sociales. Un Estado precario que sólo sirve a intereses privados, es también responsable de la debacle de una sociedad sin referentes morales y éticos que soporten las complejas condiciones económicas y culturales en las que el mundo entero sobrevive hoy.

El mes pasado en Bogotá un joven habitante de la calle agredió con ácido en el rostro a un hombre que se negó a darle una moneda. En Cali, un niño de 10 años mató a un joven de 14 años arrojándole una roca en su pecho. En Medellín un joven sicario es también estudiante de psicología, va y mata y vuelve a sus clases. En Antofagasta (Chile) un vallecaucano es asesinado a palazos por su jefe, luego de que el primero le pidiera un adelanto en el salario para celebrar sus 50 años, al parecer ambos estaban embriagados y comenzaron una riña que terminó en este crimen. En Quibdó dos niños de 10 y 12 años, fueron asesinados con golpes de piedras en la cabeza, el crimen no se ha esclarecido. En Bogotá un hombre asesinó a su exesposa, a su excuñada y al esposo de esta última, el agresor huyó en un taxi sin que aún se tengan pistas de él. También en Bogotá un hombre le disparó en el ojo a un taxista, argumentando que no estaba de acuerdo con la tarifa que éste le había cobrado.
Si hacemos un recorrido por el mundo, el panorama no es mejor. Los episodios del “bowling” en Estados Unidos, conocido como el “matoneo” en Colombia, siguen siendo tristemente noticia. Al igual que los casos de hombres en Europa que asesinan a personas masivamente, esto para hablar sólo del mundo occidental. Es posible que haya en todos estos episodios de violencia una triste condición humana de androginia, donde el ser humano es lobo para sus congéneres, como ya tempranamente lo anunciaba Thomas Hobbes, sin embargo, a pesar de esa condición netamente humana, creo que le cabe responsabilidad al Estado en garantizar condiciones para que esas situaciones funestas se puedan evitar y en caso de que la violencia sea extrema, entonces que haya controles pertinentes contra tales desafueros. En todo caso, lo que resulta más impactante son esos extremos se sevicia donde hasta los niños han participado. Los límites de lo permitido cada vez son más borrosos y nuestro proceso de civilización parece que fuera en retroceso.
Ha pasado el ser humano millones de años tratando de avanzar en un proceso largo de civilización, de autocontrol, de minimización de esa tensión natural que hay entre servir y dañar, entre acompañar y someter, entre amar para soñar y entre amar para anular, y aún no encuentra el camino para evitar estos episodios. Hay mucho por hacer, pero también hay que dar cabida a la posibilidad de que su condición de lobo sea superable.

CARTA AL NIÑO DIOS

Mi hija de 2 años y 5 meses me sorprendió, una vez más, con su respuesta a la clásica pregunta de los adultos: “y tú, ¿qué le estás pidiendo al niño dios?”. “Nada mami”. Eso me respondió. En su infinita inocencia sabe que lo tiene todo y por eso no le pide nada al niño dios. Tiene buena salud. El amor de una familia. Primos para jugar. Abuelitos que la consienten. Tías que la miman. Una mamá que la adora y un mágico mundo en su mente infantil donde todo es posible. Y ya que mi hija no le pide nada al niño dios, aprovecho entonces yo, para hacerlo en su lugar. Querido Niño Dios: Te pido que los niños y las niñas puedan disfrutar de una infancia feliz y que no tengan que acceder prematuramente a un mundo adulto que los presiona a crecer. Te pido que los y las jóvenes encuentren el placer de leer un libro, de conversar con amigos, de montar en bus e ir a cine solitos sin que los acechen los peligros modernos. Que las mamás y los papás tengan tiempo en cantidad y calidad para disfrutar con sus hijos e hijas. Que los enamorados disfruten de tardes enteras de besos y caricias sin los nuevos riesgos del amor plastificado. Te pido que los viejitos y las viejitas puedan disfrutar de una vejez tranquila, haciendo crucigramas y viendo crecer a sus nietos. Que las tías maduritas puedan disfrutar de la compañía de buenas amigas con quien conversar y reírse a carcajadas con buen un amante o solas si así lo desean. Que mis compañeros de trabajo no pierdan el buen humor, a pesar de las afugias propias de la vida adulta. Que mis amigas sigan siendo esas hermosas mujeres aguerridas y mis estudiantes sigan siendo jóvenes inquietos. Que los gobiernos entiendan que las crisis humanitarias por desastres naturales no son un castigo divino. Que la naturaleza nos perdone por todo lo que la hemos violentado. Y que nuestra sabiduría cada vez sea mayor para comprender la crisis generalizada que vivimos. Que aprendamos a fluir en vez de atacar. Que aprendamos a dar y recibir. Que encontremos la paz en el silencio o en el ruido, pero que encontremos paz. Que las gorditas coman postres sin culpa y las flaquitas luzcan atuendos sin vergüenza. Que los hombres sean más sensibles y las mujeres más arrojadas. ¡Que tengamos todos, un feliz nacimiento al amor! Que así sea, querido niño Dios.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Derechos Humanos en Colombia: ¿Una mentira?

Desde 1948 la Organización de las Naciones Unidas, ONU, declaró el 10 de diciembre como el día internacional de los Derechos Humanos. Esta fecha es conmemorada en distintos rincones del mundo occidental con el ánimo de analizar cómo están las distintas naciones en materia de derechos. Ayer, 14 de diciembre, se realizó en la Biblioteca Departamental de Cali, un foro para discutir sobre la situación de los derechos humanos en la ciudad, a partir de tres aspectos: 1. ¿Quiénes son los defensores y las defensoras de los derechos humanos? 2. De ¿quién es la responsabilidad de promover y defender los derechos?, y 3. ¿Cuál es el papel que juegan los medios de comunicación en la promoción de los derechos humanos?; para ello fueron convocados distintos medios de comunicación locales, regionales y nacionales, como también distintas organizaciones sociales y representantes estatales.
Era una mañana de fuerte aguacero y por eso el evento inició tarde, pues Cali estaba colapsada, dadas las inundaciones en distintos rincones de la ciudad. La lluvia fue la primera justificación que se dio para tratar de entender por qué ninguno de los representantes de los medios de comunicación, prensa, radio y televisión, de los tradicionales y de los alternativos, de los universitarios y de los menos destacados, no fueron. Ninguno fue. ¡Ninguno! En ¿dónde quedó su responsabilidad social? ¿Con qué criterio y autoridad esos mismos medios exigen respeto a los derechos humanos, si a ellos mismos el tema sólo les interesa cuando hay víctimas mortales?
Si la lluvia fuera pretexto para no llegar a nuestros destinos, entonces nos tocaría quedarnos encerrados en casa, porque el cambio climático y el efecto invernadero ya son una realidad con la que debemos convivir y tratar de comprender para menguar sus impactos. Tampoco asistieron las instancias del Estado que defienden los Derechos Humanos, como la Personería y la Defensoría, que fueran previamente invitadas. La mesa estuvo compuesta por la representante de la Oficina de Paz de la Alcaldía de Cali, el Coordinador de la Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las ONU para los Derechos Humanos, Daniel Atchebro y yo como moderadora del evento.
Avanzado el foro, que realmente se convirtió en una jornada de denuncia de los dolientes asistentes, cuyos familiares han sido víctimas de distintas formas de violación de derechos humanos y por tanto ellos también, se empezaron a elucidar distintas hipótesis que quiero compartir, haciendo las veces de reportera y ocupando el lugar que los representantes de los medios de comunicación dejaron vacío una vez más, cuando las denuncias sociales reclaman su presencia. Una mujer dijo: “Mientras los grandes medios de comunicación sigan estando en manos de las élites económicas de este país, los desposeídos, los pobres, los excluidos, los desplazados, los indígenas, los afrodescendientes, los trabajadores y las mujeres no tendremos un lugar destacado en la gran prensa. Nosotros no somos noticia, ni tenemos cómo pagar una nota”. El público de este foro considera que sólo son noticia cuando el morbo, la farándula, el sexo o la sangre puedan satisfacer el apetito de las audiencias y el de los medios que sobreviven y justifican su presencia gracias a las mediciones de rating. Si hiciéramos una movilización en la calle y alteráramos el orden público, quizás llegarían, dijeron.
Aceptado por consenso esta explicación para comprender la ausencia de los medios de comunicación, la palabra empezó a circular por la boca de gentes humildes que aprovechan en este espacio para hacer sus denuncias. Un espacio que terminó sirviendo de terapia colectiva para expresar distintos dolores donde el único consuelo es ser escuchado por otro ser que tiene un drama peor o similar al que cada uno expresa. Fue así como hablaron la señora que hace parte de la Asociación de Mujeres de Corteros de Caña; cuyos esposos han sido judicializados por reclamar sus derechos a un trabajo digno y denunció que el 6 de diciembre, luego del fuerte aguacero y de que se inundaran los alrededores del sector conocido como Juanchito, en las inmediaciones del Río Cauca, la población desesperada e inerme pidiera al Estado ayudas como carpas, alimentos, frazadas y todo lo que pudiera menguar los efectos del periodo de lluvias, sin embargo, lo único que obtuvieron como respuesta por parte del Estado fue la llegada del ESMAD para controlar los disturbios de la población cuyos ánimos, obviamente, se crisparon luego de la desatención estatal. ¿Cómo es posible? Preguntaba la Señora ¿Cómo es posible que frente a una crisis humanitaria por inundación, en vez de ayudas, el Estado envíe una fuerza represora como el ESMAD?
Otra señora denunciaba el caso de su hija y su yerno desaparecidos desde el año 2007. Ella dice que ha participado de todas las marchas en defensa de los derechos humanos con la esperanza de que aparezcan sus familiares, no sin antes haber realizado la respectiva denuncia por “desaparición” ante el GAULA y ante todas las dependencias pertinentes. Sin embargo, cada 2 o 3 meses cuando va de nuevo a estas oficinas a preguntar por los resultados de la investigación, los papeles están perdidos, y en varias ocasiones le han dicho que ella no ha puesto ninguna denuncia, lo cual desmiente mostrando sus propios certificados; y finalmente, la empolvada denuncia aparece traspapelada entre otros miles de casos. ¿Ustedes se alcanzan a imaginar el desaliento de los familiares de un desaparecido frente a esta situación? Atención que se caracteriza por la displicencia e impaciencia de los funcionarios y que finalmente es llevada a cabo cuando alguno de ellos se conduele y le ayuda a buscar la denuncia de su hija desaparecida, para confirmar una vez más que la investigación no avanza.
También se expresó un representante de los indígenas, de los desplazados y de los campesinos que explicaba, en palabras simples, las dificultades que enfrentan para regresar a sus territorios. No se trata de no querer volver sino de que no pueden –explicaba el señor-, pues no hay condiciones que garanticen la vida y el trabajo al regresar a sus tierras. Estas personas están presas del miedo; un miedo que se agudiza en esta selva de cemento donde las miradas, no sólo intolerantes, sino de desprecio, tanto de los funcionarios públicos como del ciudadano de a pié, les hace a diario sentir que no son bienvenidos en las ciudades. Estas familias cifran sus esperanzas en una incipiente Ley de Tierras que el Gobierno actual erige como compromiso son los más de 3 millones de desplazados, pero que todavía no aborda la magnitud de la tragedia, que realmente ameritaría una Reforma Agraria.
El señor era claro en distinguir la tierra del territorio. -Eso que es tan difícil de comprender para los estudiantes de Constitución y Democracia-. Decía que allá no sólo hay un pedazo de tierra del que fueron expropiados, sino que allá está su historia, sus amigos, sus familias, sus formas de vida y que todo eso hace parte de su territorio. ¿Cómo la ley de tierras va sustituir el territorio del que fueron despojados? Dice también que a los defensores de derechos humanos en Colombia el Estado les proporciona seguridad a través de un “teléfono avantel, un chaleco antibalas, un carro y un escolta que lo puede acompañar a donde vaya”, elementos que los hace más vulnerables y que muchos prefieren no recibir, pues no confían en su efectividad. Pues con las historias de “chuzadas” y el comportamiento en entredicho de algunos agentes de Gobierno, nadie confía en que el Estado realmente pueda brindarles seguridad.
La jornada avanzaba entre denuncias y más denuncias de distintos líderes y lideresas invitados a la jornada y entre lágrimas una señora nos remueve el corazón cuando dice “todo esto es mentira”. “Perdónenme” – Sollozaba- “Todo esto es una gran mentira”. Con gran vergüenza, porque sé que tiene toda la razón, yo asiento con la cabeza tratando de manifestarle mi solidaridad. Un manto de silencio envuelve el auditorio y la señora continúa con su relato. “Llevo 11 años buscando a mi hija desaparecida. 11 años. Nadie sabe nada de ella. Nadie responde. Nadie explica y mucho menos el Estado. Muchas veces los policías me han dicho que deje de buscarla, que debe estar por ahí, -perdónenme la expresión: que debe estar por ahí en cualquier chochal; eso no se le dice a una madre desesperada buscando a su hija desaparecida hace 11 años. Yo la sigo buscando porque es mi hija. Tengo una nieta que ya va a cumplir 18 años. Pero todo esto es una gran mentira. Yo también voy a todas las actividades, así como dice la otra señora que también tiene una hija desaparecida. Voy con la esperanza de que algún día mi hija aparezca. En los representantes del Estado sólo encontramos indiferencia. ¿Cómo es posible que en este país una muchacha vaya a un supermercado a comprar un esmalte y se desaparezca? Y nadie diga nada. Nadie haga nada. Perdónenme”. El caso de estas dos madres desesperadas buscando a sus hijas, hace parte de los más de 3.700 casos de desaparecidos que hay en el Valle del Cauca. Desaparecidos e invisibilizados.
Hablaron también varios sindicalistas que nos ilustraron sobre la situación de los trabajadores sindicalizados en Colombia, perseguidos por defender el derecho al trabajo. En particular se mencionó el caso del trabajador y la trabajadora demitidos de EMCALI que se han declarado en huelga de hambre desde el 5 de diciembre, ubicados en la Plaza de Caicedo, en pleno centro de la ciudad. La razón de su protesta radica en que desde el año 2004 fueron demitidos 51 trabajadores, el caso fue llevado a la Organización Internacional del Trabajo, OIT, y a la justicia colombiana, teniendo como resultado el fallo a favor de una acción de Tutela que obliga al Señor Sabas Ramiro Tafur Reyes, Gerente Interventor de la Empresa a reincorporarlos de inmediato, sin embargo, este gerente ha desacatado la norma sin que la juez correspondiente, ni ningún otro funcionario tome medidas sobre el asunto.
Finalmente, terminamos el conversatorio con varios nudos en la garganta y con una sensación de impotencia y dolor. Sintiendo que realmente la señora tenía razón: “todo esto es una mentira”. Mientras estamos hablando de pobreza, desigualdad, desaparición forzada, desplazamiento forzado, huelgas de hambre, asesinatos, impunidad y desesperanza, en el Congreso de la República va avanzando sin mayores cortapisas una de las peores y más lesivas reformas a la justicia colombiana. ¡Efectivamente, necesitamos una reforma a la justicia! Necesitamos que la impunidad se reduzca, que los casos sean investigados y esclarecidos, que los defensores y defensoras de derechos humanos sean respetados, que la vida vuelva a tener valor y no que los militares tengan fuero especial para ser juzgados entre ellos.

lunes, 12 de diciembre de 2011

PERROS Y GATOS, EN LA MIRA DE UNA SOCIEDAD DEGRADADA

Por
Carmen Jimena Holguín, Elizabeth Gómez Etayo, Hernando Uribe Castro, Germán Ayala Osorio y Guido Germán Hurtado Vera

Durante la semana, del 5 al 9 de diciembre, dos acontecimientos abominables han circulado por los medios de comunicación, mostrando la crueldad humana y la muerte, como unos hechos más de la dinámica cotidiana de nuestra descompuesta sociedad colombiana.
El primero de ellos, perpetuado por soldados del ejército de Colombia, adscritos al Batallón Ayacucho de Manizales, en el que cinco uniformados, un cabo y cuatro soldados, asesinan a sangre fría, con impacto de fusil, a un indefenso perro de raza pit-bull, que muere por el impacto de cuatro disparos. Quizás estemos ante un burdo ejercicio de guerra, en el que el perro hace parte de la simulación de un combate, o de un ‘falso positivo’ .
Uniformados como estos, han sido elevados, por la acción mediática, al estatus de héroes de la Patria, en un juego ideológico de unos medios masivos que dan tumbos y bandazos a través de sus perversos criterios de noticiabilidad. Durante varias emisiones, especialmente los noticieros de televisión, disparan ráfagas de patrioterismo a unas audiencias encantadas y adormecidas ante el valor y el arrojo de soldados y policías. Pero de repente, esos mismos medios registran, eso sí, sin mayor cubrimiento y análisis, pues se trata de la vida de animales, simples seres, que junto a secuestrados e indigentes, entre otros, apenas si alcanzan el estatus de noticia, cuando las muerte les llega, así, de improviso.
Si bien esta es una conducta que no puede generalizarse a toda la institución castrense, sí deja mucho que decir de colombianos representantes de una fuerza armada, que deben, por encima de cualquier consideración, preservar la vida, la dignidad, el respeto y los derechos fundamentales de todo ser viviente, así muchos insistan en que los animales, al no tener conciencia, no deben ser sujetos de derechos. Cuán equivocados están, pues si nosotros los humanos, que sí tenemos conciencia, tenemos la obligación de garantizar la vida no sólo de los animales, sino de las plantas y en general, de la vida en el planeta. Por ello, el asesinato del perro no es sólo un asunto que debe ser investigado por el uso inadecuado de recursos públicos, es decir, la munición gastada (peculado), sino porque la acción muestra un alto grado de bestialidad, de “inhumanidad”, con la que algunos héroes de la patria asumen con desprecio la vida.
El comportamiento de los militares va en contravía de lo estipulado en la Ley 84 de 1989, sobre el Estatuto de Nacional de Protección Animal, en lo relativo a la protección de los animales; en su artículo 1, reza lo siguiente: “A partir de la promulgación de la presente Ley, los animales tendrán en todo el Territorio Nacional especial protección contra el sufrimiento y dolor, causados directa o indirectamente por el hombre”. Por supuesto en concordancia con lo anterior, los “héroes de la patria” que cometieron el abominable asesinato, actuaron en contravía a dicho enunciado; por ello se espera que todo el peso de la ley recaiga sobre ellos, no sólo como militares, sino como ciudadanos.
El segundo hecho, que repudiamos es la matanza de 18 perros y gatos en el municipio vallecaucano de Tuluá. Estos hechos, tal como el anterior, merecen el repudio de toda la sociedad en su conjunto, y no sólo de las organizaciones defensoras de los derechos de los animales, pues nuevamente la crueldad del hombre se ensañó contra éstos, quienes ya de antemano enfrentaban los embates del olvido y la crueldad del hombre, pues como se denunció por El Tiempo.com, “los cadáveres eran de animales callejeros, según denunció la Red de Protección Animal y ambiental”.
Todo lo anterior contrasta con el reconocimiento que se le hizo al escritor colombiano Fernando Vallejo en la pasada Feria del Libro de Guadalajara, quien afirmó, “Me siento muy honrado por el premio que me dan; no pienso que lo merezca; este diploma lo guardaré en mi casa con orgullo; y los 150 mil dólares que lo acompañan se los doy, por partes iguales, a dos asociaciones caritativas de México (defensoras de animales).” Vallejo, a quien tanto insultan en Colombia, desborda con sus acciones el discurso ventijuliero de muchos prohombres de este país que dicen defender y respetar las leyes y los derechos, pero que de alguna manera cohabitan con manifestaciones violentas como las aquí reseñadas.
Como académicos, comprometidos con la defensa de la vida en todas sus dimensiones y manifestaciones, no nos queda otra opción que la de repudiar, e instar a que los medios de comunicación como actores claves para la inscripción de problemas públicos en la agenda pública, jueguen un papel más activo, en la denuncia y develamiento del trasfondo que asuntos como los mencionados implican. No se trata sólo de entrevistar a expertos en el tema, sino de asumir un papel político en la defensa y protección de la vida, en este caso de los animales. Se trata de hacer seguimiento a los hechos y vigilar que los responsables sean castigados. A lo mejor estamos exigiendo mucho a unos medios cada vez más plegados a un gobierno y a unas fuerzas militares, que en el contexto de un degradado conflicto armado interno, ponen la muerte por encima de la vida. Hoy, combatientes de uno y otro bando, miran con desdén la vida de sus enemigos, de allí que perros y gatos terminen muertos, asesinados o abandonados por una sociedad sumida en la degradación, en la indolencia, en la insolidaridad y en un profundo desamor por sus semejantes, los animales.
En países como Estados Unidos, el abuso contra animales es un delito denominado “felony” y es penalizado con cárcel. Se asume que quienes incurran en éste son peligrosos criminales capaces de agredir a inocentes en condiciones de indefensión, pues es, inclusive, más grave violentar a un animal que a un ser humano, puesto que el animal ni siquiera tiene la mismas condiciones racionales que el humano para comprender sus acciones. Podría tenerse como referente lo que sucede en este país, para avanzar en Colombia hacia sanciones fuertes y ejemplares contra estos asesinos.
Quizás el despropósito de quienes ejecutaron estos crímenes contra animales, perros y gatos, tanto militares como civiles, en caso que estén involucrados en los hechos de Tuluá, se corresponda con un modelo de ser humano violento producto de una sociedad indolente donde la vida cada vez más vale menos. Si no vale la de un ser humano, mucho menos la de un perro o un gato. Pero asesinarlos a ellos o a los tiburones de Malpelo dice mucho de nuestra terrible condición humana y de nuestra pauperizada cultura, azuzada por el Estado y los medios de comunicación.

martes, 6 de diciembre de 2011

Violencia simbólica y medios de comunicación

Por, Elizabeth Gómez Etayo, Hernando Uribe Castro, Germán Ayala Osorio, Guido Germán Hurtado Vera y Carmen Jimena Holguín (Reflexión a varias manos)

Las ciencias sociales han dejado claro que la violencia, como mecanismo de control social, se presenta de muchas formas, unas veces, de forma física y directa, así como también de forma simbólica o invisible. Los medios de comunicación se han especializado en reproducir de manera intencionada la violencia simbólica y de transcribir la violencia física en imágenes, sonidos, videos y diálogos, especialmente, desde los intereses del discurso oficial y de la cultura dominante. Todas las formas de violencia se producen y se reproducen en estos medios masivos.

El sociólogo Pierre Bourdieu considera que los medios de comunicación ejercen una forma particularmente perniciosa de violencia simbólica y una de esas formas de reproducción es precisamente la de Ocultar mostrando, que “muestra algo distinto de lo que tendría que mostrar si hiciera lo que se supone que se ha de hacer, es decir, informar, y también cuando muestra lo que debe, pero de tal forma que hace que pase inadvertido o que parezca insignificante, o lo elabora de tal modo que toma un sentido que no corresponde en absoluto con la realidad.” (1997:24).

A partir de lo anterior, los y las docentes que escribimos este texto queremos referirnos a la polémica fotografía publicada en la revista HOLA de España y que circula por Internet, cuya temática central alude a las “Mujeres más poderosas del Valle del Cauca en Colombia”. En la referida imagen aparecen, en primer plano, cuatro blancas mujeres sentadas sobre sus muebles blancos, luciendo sus finas, aunque informales, ropas blancas con delicado decorado; y al fondo, en un segundo plano, aparecen dos mujeres negras evocando la servidumbre con sus pulcros uniformes blancos, llevando en sus manos unas bandejas con vajilla de cristal que se incluyen como parte del decorado del lugar. Para completar la escena, concebida editorialmente y aceptada por las señoras blancas, aparece, al fondo, una piscina y la vista panorámica de la ciudad. Una imagen que, sin duda, oculta mostrando.




Pero ¿Qué es lo visible y qué es lo oculto? Un ciudadano inadvertido podría decir que allí no hay nada oculto, que se trata de una simple coincidencia, una imagen natural o naturalizada por la historia, la tradición y la cultura dominante, y que la fotografía es una más dentro de las muchas que los medios de comunicación refieren en sus hechos “noticiosos de la farándula”; sin embargo, para quienes intentamos entender y develar los mensajes que diariamente circulan, es claro que las imágenes revelan hechos ocultos, historia, tradición, dominación y el uso, por supuesto, de la violencia simbólica (racismo y clasismo), así el fotógrafo, autor de la fotografía, exprese lo contrario. No hay, en la imagen y en su tratamiento editorial asomo alguno de inocencia o ingenuidad. No.

Hechos ocultos como forma de violencia simbólica, que en palabras de Pierre Bourdieu, genera representaciones diferenciadas de clase social, de género y de raza para quienes las observan; reproduciendo discursos de los roles y estatus que la sociedad ha trasmitido y que ciertos grupos sociales simbolizan dentro de la estructura de la sociedad, que para nuestro caso evocaría el papel de las mujeres “afrodescendientes”. Mujeres que, por lo general, cumplen roles de servidumbre en casas y haciendas de mujeres poderosas (ricas, afamadas, influyentes y con reconocimiento social) que los medios de comunicación intentan imponernos como un patrón a seguir, sin detenerse a pensar lo que implica alcanzar dicho estatus, en materia de derechos, dominación y violencia cultural.

Desde el mismo titular se legitima la acción de dominación, legitimada por frases, a maneras de titular: “Las mujeres más poderosas del Valle del Cauca, en Colombia, en la formidable mansión hollywoodiense de Sonia Zarzur, en el Beverly Hills de Cali”. Con este discurso, se generan lecturas diferenciadas de las mujeres; en primera instancia, habría que denotar que sólo a 4 de las 6 mujeres les cabría el apelativo de “poderosas”, y no precisamente por su aporte singular para transformar la realidad de miles de mujeres vallecaucanas, sino por personificar a un grupo minoritario, selecto de la sociedad, que con privilegios, reproducen prácticas culturales de abierta dominación y expoliación; en segunda instancia, porque el hecho de que aparezcan de pie y no sentadas, vestidas con ropa de servicio y no con trajes informales y hasta de reconocido diseñador (que son los que por lo general visten a las mujeres “poderosas”), sirviendo y no servidas, vestidas de blanco en contraste con su piel negra, es una forma más de ponerlas en un estatus de inferioridad frente al resto de mujeres “poderosas”; en tercera instancia, habría que cuestionar cómo los medios de comunicación nos imponen a los ciudadanos unas figuras que aparentemente representan “un modelo a seguir”, es decir, “mujeres de bien”, “de clase”, con lo que no sólo buscan asegurar un apetecido rating (lecturabilidad, para el caso), y más ventas para acrecentar su gran poderío económico, sino, asegurar que los modelos de dominación social y étnica se sigan reproduciendo.

En suma, las elaboraciones simbólicas como métodos de opresión se fundan desde las clases altas, que se sirven de la ideología para conservar su hegemonía basada en intereses privados enmascarados de colectivos.

Por todo lo anterior, propendemos por una academia y una ciudadanía inquietas, lo cual implica cuestionar el papel que cada vez más se asienta en los medios de comunicación, que en lugar de informar y generar una ciudadanía consciente de su propia realidad, se orientan a entretenerla y adormecerla. Sólo nos reta apelar al uso de la palabra para intentar develar los mecanismos de violencia simbólica a los que invocan las empresas mediáticas, en su afán por entretener y generar receptores que fácilmente no sólo legitiman y aceptan estas maneras violentas de reproducir un tipo de sociedad excluyente, violenta, racista, clasista y sexista, sino que terminan anhelando llegar a esos estadios de vida social donde se suele falsear la realidad, ocultar la historia y extender patrones y patronos que nos hunden en la pobreza cultural que emana de la tradición y la cultura dominante.

viernes, 2 de diciembre de 2011

VIH con rostro de mujer

El 1 de diciembre, Día Internacional de Lucha contra el SIDA, la Asociación Lila Mujer realizó el Foro, “EL VIH tiene rostro de mujer. Que ni tu rostro ni tu vida hagan parte de las estadísticas del VIH”, en el Centro de Servicios La Casona, de la Fundación Carvajal, en el corazón del Distrito de Aguablanca, Cali. Tuve la fortuna de compartir mis ideas en este hermoso foro, en un escenario con un reportorio de lujo: las chicas del Centro Cultural del Chontaduro quienes abrieron la sesión con una clara y divertida pieza de teatro; luego, Cynthia Montaño, cantante de rap quien nos deleitó con su voz, regalándonos tres sentidas canciones. Una de ellas, titulada “Seguiré”, inspirada en la vida de Yaneth Valencia, fundadora y directora de la Asociación Lila Mujer; también participó Jenny Alzate, estudiante de literatura de la Universidad del Valle, escritora del periódico La Palabra y cuentera por vocación. Jenny nos contó la verdadera versión de caperucita roja. ¡Cuánto talento! Talento femenino y popular.


Fue un foro emotivo y profundo donde se puso de manifiesto que las mujeres heterosexuales son el grupo poblacional que cada vez tiene más riesgo de infectarse por VIH en razón de nuestra cultura machista. Una cultura que continúa reduciendo a las mujeres a la posición de objetos sexuales para la complacencia masculina. Las amas de casa son una población de riesgo porque al cumplir con su supuesto deber sexual de esposas abnegadas y complacientes e ignorando las diversas prácticas sexuales de sus esposos por fuera de casa, acceden a tener relaciones sexuales sin exigir protección ni respeto, y toman el riesgo, sin saberlo, de adquirir diversas infecciones de transmisión sexual incluyendo la infección por VIH. Esto hace parte de las enfermas formas de amar que hemos aprendido y reproducido en nuestra cultura machista, que son hoy los mayores factores de riesgo para infectarse por VIH.


“¡No! No es amor si duele. ¡No! Si por amor te mueres. ¡No!”, como bien lo dijo y cantó Cynthia. Todavía en nuestra cultura las mujeres son educadas para aguantar, aceptar, ceder y soportar los caprichos, la vanidad, el deseo y las exigencias sexuales masculinas a cambio de tener un compañero emocional para lucir en público, pero a costa de su propio bienestar. La discriminación hacia las mujeres se pone de manifiesto también en las estadísticas del VIH donde los casos de las mujeres son cada vez más, pero, sin embargo, hay un subregistro de tal información y poco o nada se está haciendo para tener una atención diferencial en la salud de las mujeres. Las secretarías, los centros y los puestos de salud y diversos representantes del sector fueron los grandes ausentes de este foro, a pesar de que fueron invitados.


A juicio de las mujeres que viven con VIH, paradójicamente, el síndrome de inmunodeficiencia adquirida o SIDA, es decir, las distintas enfermedades llamadas oportunistas, no son la principal causa de muerte de las personas infectadas por VIH, sino la pobreza, el hambre, la indiferencia social, la discriminación y la intolerancia que las marginan, las rechazan y las estigmatizan como si fuera la peste bubónica medieval. La ignorancia frente a este virus, como frente a tantas otras patologías, campea y ganan fuerza los mitos y las creencias, al punto que los vecinos del Barrio Las Orquídeas, donde está ubicada la sede de la “Asociación Lila Mujer”, no se atreven a entrar y conocer la sede por miedo de infección, e inclusive manifestaron su rechazo cuando la obra se estaba construyendo.


Después del foro fuimos a conocer la sede de la “Asociación Lila Mujer” y no pude -ni quise- contener las lágrimas al ver la concreción del sueño que un día tuvo la valiente Yaneth Valencia, sueño que acompañé en sus orígenes: tener una casa para las mujeres que viven con VIH. Con Yaneth nos fundimos en un abrazo de hermanas y juntando nuestros vientres, evocamos los casi 20 años de conocernos y recordamos los difíciles momentos por los que ella ha pasado lidiando con su situación y, además, criando sola a sus dos hermosas hijas que le inspiraron el nombre de Lila: Lina y Laura.


“Lila Mujer” es una sede acogedora y, digna, donde las mujeres pobres del Distrito de Aguablanca que viven con el virus de inmunodeficiencia humana, pueden acudir para ser atendidas con respeto. Sin duda, la historia de Yaneth es admirable. En medio de todas las dificultades propias de una mujer pobre, negra, madre soltera e infectada por este virus, ella ha sabido sortearlas y salir adelante con la cabeza muy en alto. “Cuando sientan que no se puede, que la cosa está difícil, que ya no tiene más fuerzas… pregúntenle a Yaneth Valencia”, quien ha decidido por la vida.

martes, 22 de noviembre de 2011

¡QUE UN ESTUDIANTE VALGA MÁS QUE UN SOLDADO!

Ya sabemos cómo es una sociedad donde sostener a un soldado vale 5 veces más que sostener a un estudiante. Es una sociedad insegura, violenta, intolerante e irrespetuosa. Que vive a la defensiva; desconfiada porque el vecino puede ser su enemigo. Una sociedad sitiada que se acostumbró a irse a dormir temprano porque la noche sólo representa peligro y represión. Cuando grandes capitales del mundo tienen librerías, bibliotecas, centros culturales y centros artísticos abiertos 24 horas al día. Nos hemos tristemente acostumbrado a vivir así, en una sociedad donde tener educación y salud es muy costoso. Donde la seguridad ciudadana se la tiene que proveer el propio ciudadano y donde ya no nos sorprende el crimen más reciente.

Ahora imaginemos cómo sería una sociedad donde el sostenimiento de un estudiante valiera 5 veces más que el sostenimiento de un soldado. Imaginemos una sociedad donde los ciudadanos vayan a un colegio o a una universidad a matricular a sus hijos y no se encuentren con talanqueras económicas de ningún tipo. Una sociedad donde cualquier ciudadano puede ir a un centro de salud con la plena seguridad de que será atendido y no morirá en la puerta desahuciado por falta de atención. ¿Se imaginan? Podríamos tener una sociedad con grandes centros de investigación, de tecnología, de ciencia, de arte y de cultura al servicio del bienestar de la población. Donde las universidades sean el motor del desarrollo social. Verdaderas locomotoras.

Una sociedad que confía en su capacidad e ingenio para progresar, una sociedad pacífica, tolerante y respetuosa porque los niños han tenido la oportunidad de jugar con balones y de tocar un violín, y no se han visto obligados a cargar fusiles. Donde las únicas pistolas que manipulen sean de agua. Donde las niñas puedan ir a excelentes conservatorios de ballet clásico y de música y no tengan que humillarse por varias semanas buscando su factor X. Donde la gente confía en su vecino porque también ha tenido igualdad de oportunidades. Donde las nuevas generaciones crezcan con la confianza de que con su conocimiento e imaginación pueden contribuir al progreso de su sociedad. Donde los artistas van a importantes centros de arte para prepararse en música, teatro y diversas bellas artes, sin tener que cambiarse el nombre en falsos e improvisados conservatorios.

Una sociedad educada, donde ser estudiante sea una expectativa mayor a la de ser un soldado, será una sociedad mejor preparada para asumir los inevitables cambios ambientales. Una sociedad educada será una sociedad más justa, donde cada muerte violenta duela tanto como si fuera de un pariente cercano. Una sociedad educada, verdaderamente educada, será una sociedad con esperanza. Esta sociedad es posible. Depende de transformar el modelo económico, social y cultural que hemos tenido y quizás un comienzo podría partir de construir una verdadera reforma educativa, donde se promueva un cambio fundamental del modelo educativo que tenga implicaciones sobre el modelo social en general. Un modelo educativo amplio, integral, equitativo, universal. Donde la gratuidad y la calidad sean dos criterios inexorables e innegociables. Porque si existen los recursos para sostener soldados también tienen que haber para sostener estudiantes de calidad. Ojalá las visitas por el llamado primer mundo le sirvieran a los gobernantes para comprender que invertir en salud y en educación en su población, paga.

jueves, 17 de noviembre de 2011

¿Qué pasa con las mujeres en Colombia?

Por miedo a caer en lugares comunes, no quería manifestarme frente al último reinado nacional de belleza, pues ya se ha dicho bastante sobre la mercantilización del cuerpo femenino y la nueva producción de estéticas construidas en quirófanos. Sin embargo, me siento impelida a manifestarme frente a las nuevas y viejas formas de violencia contra las mujeres, que van desde el mencionado reinado pasando por el “tour del amor” transmitido por RCN, donde las mujeres son exhibidas como reses para saciar el apetito voraz de adinerados ciudadanos extranjeros que las ven pasar en pasarela como vacas en el establo y así poder escoger la mejor carne.


Y finalmente llegar hasta las denuncias de violencia sexual recientemente publicadas en el libro “Mujeres y guerra: víctimas y resistencias en el conflicto colombiano”, del Grupo de Memoria histórica de la Comisión Nacional de Reparación. Frente a estas tres situaciones donde las mujeres son protagonistas tristemente célebres, me pregunto ¿qué está pasando con las mujeres en Colombia? Pregunta muy general que bien ameritaría una tesis densa y frente a la cual sólo quiero generar algunas reflexiones sobre la responsabilidad del Estado colombiano en la promoción y efectiva protección de los derechos de las niñas y de las mujeres.

Responsabilidad que debería partir de la garantía de ofrecer condiciones básicas en salud y educación, hasta la exigencia a los medios de comunicación de tener producciones respetuosas frente a la condición femenina. Es claro que la mujer en Colombia tiene una posición de desventaja frente a los hombres en distintos ámbitos de la vida. Como también es claro que las propias mujeres muchas veces ni son conscientes del lugar vulnerable que ocupan, donde su cuerpo, su figura y su imagen es mercantilizada y modelada al amaño de cierto apetito masculino.
Vamos por partes. El reinado nacional de belleza es, sin duda, una competencia banal de modelos desleídas, cuyos gestos son formateados para lucir ante las cámaras, una pose seductora, que todas repiten, y con la cual pretenden convencer a un jurado, igualmente banal, de que son la mujer más bella de Colombia, título que le asegurará, como una misma de ellas dijo, un rápido ascenso social y económico porque ya no tendrá que estudiar cinco años para tener una carrera profesional y ser reconocida. Año tras año vemos un concurso de estupidez, superficialidad, falsedad y muy poco de belleza en un sentido integral. Cada vez más se pone en evidencia un patrón estético de delgadez extrema y globalizada que se produce artificialmente.

El “tour del amor”, como eufemísticamente fue llamado y transmitido por el Canal RCN, presenta a varias mujercitas en busca de una efímera felicidad, cifrando sus esperanzas en un triste rico magnate japonés, europeo o gringo que las saque de la pobreza en compensación por su belleza. Todas esperan encontrar al príncipe azul exponiéndose en una vulgar pasarela donde ellos pueden observar, evaluar y calificar sus partes, como si fueran piezas de ganadería y no de mujeres. Estamos, sin duda, ante una nueva forma de esclavitud, en la que en plena plaza pública se venden seres humanos en buena condición, en este caso mujeres consideradas buenas según un apetito masculino, animal, primario.

Hoy, jueves 17 de noviembre, dentro de los titulares más importantes del periódico El Tiempo, el diario señala la publicación del libro sobre los vejámenes sexuales perpetrados por paramilitares en la Costa Atlántica en el período de 1997 a 2005, donde fueron registrados y reconstruidos 64 casos atroces de violencia sexual como parte de las estrategias de guerra sucia que, una vez más y desde los orígenes del hombre-guerrero, tiene el cuerpo de la mujer como botín de guerra. Esta penosa realidad no es nueva, ni en Colombia ni el mundo. Sin embargo, el grueso de la población colombiana, especialmente urbana, parece desconocer o prefiere hacerse la de la vista gorda con esta situación, quizás porque saber y tener consciencia resulta muy doloroso.

Junto estas tres situaciones en esta reflexión que aparentemente hacen parte de una realidad muy diferente, pero que para mí tienen una relación profunda. ¿Qué tienen que ver reinas, con jóvenes modelos buscamaridos y mujeres violadas? ¡Mucho! En su trasfondo tenemos un modelo machista, sexista y patriarcal que aún no reconoce a las mujeres como un sujeto pleno de derechos. Como un individuo. Como un par de los hombres. Y lo peor, repito, es que muchas mujeres tampoco se consideran individuo pleno y también reproducen el modelo sexista. Por otro lado, tenemos un Estado cómplice y opresor, que silencia lo que debería expresar. Si el Estado colombiano asumiera realmente su responsabilidad en el bienestar de toda su población, propendería por una equidad de género y garantizaría la igualdad de oportunidades para las mujeres. Y de otro lado, no hay una política cultural que exija a los medios masivos informar con mayor respeto, asuntos que tengan que ver con lo femenino.

De forma que a través de una educación con perspectiva de derechos y de género, y de unos medios de comunicación responsables, sensatos y no sólo al servicio de los mercados, las niñas puedan educarse para aspirar mucho más que a ser reinas de belleza o modelos de pasarela al servicio de posibles maridos ricos. Para que sepan que por sus capacidades, inteligencia y no sólo por su belleza física, pueden garantizarse una vida digna y un futuro promisorio, donde la vida de pareja sea una elección y no una imposición por la precariedad económica.

El Estado colombiano tendría que garantizar a todas las mujeres que no serán víctimas de ningún tipo de crimen sexual por parte de ningún grupo armado o ningún hombre armado o desarmado. Pues a estas distintas situaciones subyace un modelo de dominación masculina que ha sido exacerbado en los últimos 10 años y que tiene como colofón, entre otras cosas, que en el imaginario colectivo sobresalga la idea de que la mujer puede ser objeto de cualquier tipo de mercantilización, agresión o perversión. El Estado es el primer responsable de este triste panorama femenino por acción o por omisión. En segundo lugar, un alto porcentaje de hombres que aferrados a su animalidad sexual, desean someter a todas las mujeres. Y en tercer lugar, están aquellas mujeres incapaces de valorarse como personas y que yuxtaponen a esa condición su feminidad sólo como un cuerpo consumible.