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viernes, 21 de octubre de 2011

¿Por qué no nos indignamos?

Por Elizabeth Gómez Etayo, Socióloga de la cultura


Para indignarnos necesitamos integrarnos más y nosotros, todavía, estamos muy escindidos. Necesitamos comprender global e integralmente que los distintos problemas sociales, económicos, políticos, culturales y ambientales que saltan a la vista, pero que nuestros ojos no están entrenados para reconocerlos, no son esferas aisladas, sino que esos distintos problemas están relacionados. Problemas sociales como la pobreza, las distintas reformas educativas, la mala calidad de la educación, la deficiencia en los servicios de salud y el déficit habitacional. Económicos como las altas tasas de desempleo, el empleo informal, la falta de subsidios para los pequeños productores, el impulso al desarrollo económico a través de modelos extractivos.


Políticos como la vergonzante corrupción, la crisis de dirigencia, la fragilidad en la democracia y la ausencia de un proyecto político coherente con la realidad actual. Culturales como las distintas apologías a la ilegalidad, a la ley del más fuerte, a la justicia por cuenta propia y en general a pasar por encima de los otros. Ambientales como la deforestación, el consumo desbordado, la contaminación del agua, las inundaciones y el cambio climático. Todos estos, por nombrar sólo algunos de los problemas, están relacionados unos con otros, no son ruedas sueltas. Y esos distintos problemas tienen responsables personales e institucionales. Todos ellos le competen tanto al Estado como a la Sociedad y a los distintos gremios económicos y financieros. Pero mucho más al Estado que es el responsable de garantizar una buena vida para todos.


Sin embargo, nosotros estamos tan escindidos que no logramos reconocer la relación que hay entre esos problemas y nuestras propias vidas, por tanto, no logramos indignarnos. Cuando se recorta cada vez más la educación, cuando nos dejan sin salud, cuando nos inundamos de nuevo, cuando suben los precios de la canasta familiar, cuando no cultivamos lo que comemos, cuando sube el precio de la gasolina, cuando sube el precio de los servicios públicos, cuando bajan los salarios o cuando somos contratados a destajo, cuando consumismos productos que no necesitamos, en fin, cuando nos aproximamos a un ritmo acelerado hacia una vida gris, triste, contaminada, violenta, pobre, indiferente e indolente; cuando todo eso acontece, al mismo tiempo o aparentemente por separado, deberíamos indignarnos.

Porque los recursos naturales que tenemos serían suficiente para que todos tengamos una buena vida, si fueran bien administrados. Si fuéramos totalmente intolerantes con la corrupción, y con los gobernantes cuyos intereses personales están por encima del bien común, si fuéramos plenamente conscientes de que tenemos que respetar los límites naturales, si tuviéramos un consumo consciente y exigiéramos que las empresas también lo tengan, si hiciéramos control político sobre los bienes públicos, si reconociéramos el valor de la educación y la salud como un derecho y no sólo como un servicio. Si reconociéramos que todos, ricos y pobres, blancos y negros, niños y adultos, hombres y mujeres, tenemos derechos, entonces, tal vez, podríamos indignarnos.


Esa indignación que empezó con la primavera árabe, que se extendió a la península ibérica, subió hasta el deslucido Reino Unido, cruzó el atlántico y llegó a la capital del mundo, y empieza a tener atisbos en América Latina necesita ser alimentada por nuestra indignación, porque tenemos suficientes motivos para indignarnos. ¡Indignémonos!

miércoles, 19 de octubre de 2011

Cárceles de Máxima Seguridad

Por Elizabeth Gómez Etayo
Socióloga de la Cultura

En Colombia las cárceles son de máxima seguridad para unas, y de máxima comodidad, para otros. Visité ayer la cárcel femenina de máxima seguridad de Jamundí, en el Valle del Cauca. Compartí por dos horas con las mujeres del pabellón llamado eufemísticamente “años dorados”. Después de pasar por seis controles que comprobaron mi honorabilidad y de que no estaba ingresando armas, drogas ni otros elementos prohibidos, accedí, junto con mi colega de trabajo, al salón donde me esperaban aproximadamente treinta cinco viejas mujeres.


Esperaba encontrar allí las criminales más temibles, pues estaba ingresando a una cárcel de máxima seguridad. Sin embargo, lo que mis ojos registraron fueron mujeres negras, indígenas, mestizas y campesinas; mujeres humildes, marginales y algunas abuelas, otras mujeres no tan viejas pero que por tener más de cincuenta años se consideran de la tercera edad. Eran, en todo caso, mujeres cuyos rostros no me transmitían el miedo que sí lo haría un peligroso criminal que se esperaría encontrar en una cárcel de máxima seguridad. Más bien, encontré en ellas una mirada perdida y desesperada. Una completa incomprensión de su destino. Sus delitos, que desconozco, al parecer no ameritan estar en esta cárcel.

Algunas de ellas están pagando condenas que se consideran excarcelables, pero que el lento proceso judicial colombiano hace que terminen pagando toda la condena y que no gocen del beneficio de tener la casa por cárcel, del que otros afortunados como Andrés Felipe Arias, si goza. Es evidente que un delito cuya condena oscila entre 20 y 40 meses no merecen ser purgados en una cárcel de máxima seguridad, como también que esta cárcel, por lo menos la femenina, no cumple con los objetivos para las cuales fue construida, -la de albergar a peligrosas criminales- sino que está sirviendo para descongestionar la antigua cárcel femenina del Buen Pastor y por supuesto para ocultar que la justicia en Colombia sigue cojeando.

Expresaron que, aunque detenidas, siguen siendo sujetos de derechos, pero que los desconocen, que les gustaría tener la asesoría y capacitación de estudiantes de derecho de último grado, para que les expliquen por qué pasan los años como sindicadas sin que se resuelva su condena; y se preguntan, por qué sus condenas excarcelables no siguen el trámite respectivo, por qué están en una cárcel de máxima seguridad si sus delitos no lo ameritan, por qué sólo tienen derecho a una visita por dos horas semanales. En fin, expresaron diversas demandas que deberían ser conocidas por el Estado.

Finalmente conversamos sobre si realmente la cárcel es una institución que resocialice y deje a las otroras delincuentes aptas para vivir de nuevo en sociedad. Entre risas irónicas dejaron claro que no, que la cárcel no resocializa. Tal vez no vuelvan a delinquir por miedo, pero no porque el Estado, moralmente inferior, le esté enseñando a ser mejores ciudadanas. No cuando viven esperando que los mismos gobernantes que ayudaron a construir estas cárceles, sean, ojalá en pocos años, sus próximos compañeros de celdas.

miércoles, 12 de octubre de 2011

A propósito de interrupciones
Elizabeth Gómez Etayo, Socióloga de la cultura.

Abortar es desechar. No dejar ser. No dejar vivir. No dejar crecer. No dejar soñar. Esta es una sociedad que culpabiliza, penaliza, juzga y señala a las mujeres que deciden interrumpir un embarazo no deseado, pero que aborta a los ya nacidos vivos. Pues los ya nacidos vivos habitantes de las calles, de las esquinas, vagabundeando en las carreteras, vendiendo en los semáforos dulces que nadie compra, desplazados por la guerra interna y también por los desastres naturales, muchos de los cuales fueron ocasionados por ese mundo adulto que les da la espalda, esperando que alguien los adopte, recluidos en hogares sustitutos o muriéndose de hambre en municipios donde la riqueza es boyante, son desechados por una sociedad indolente y por un Estado irresponsable. No los dejan ser niños y niñas felices. No los dejan vivir una infancia segura, estable, saludable. No los dejan crecer como seres humanos dignos y en condiciones de derechos. Esos niños y niñas también son abortados, son desechados, son desconocidos, son ignorados y ya nacieron, y tienen vida y están por ahí caminando. Pero qué vida tienen, quién cuida de ellos, quién vela por sus derechos.


Ojalá las críticas contra el aborto en Colombia fueran tan radicales como la crítica contra un modelo económico que excluye a los más pobres, donde los más afectados son y serán las niñas y los niños. Ojalá los hombres que juzgan a las mujeres que aborten se pusieran por un día, sólo por uno, en los zapatos de las mujeres desesperadas que presionadas por las circunstancias o por su conciencia deciden interrumpir un embarazo. ¿Dónde están los hombres que abortan? ¿Dónde están las campañas masivas de educación sexual y reproductiva para que adolescentes y jóvenes no tengan que abortar y no adquieran infecciones sexuales? ¿Qué se hace en las escuelas y colegios para evitar que las chicas se embaracen? ¿Qué hace el mundo adulto que juzga a las jóvenes y adolescentes en embarazo para evitar pasar por el dolor de un aborto?

Las discusiones que se levantan en Colombia sobre el aborto parecen una cortina de humo para que no discutamos que el agua está siendo contaminada para extraer oro. Que las poblaciones campesinas siguen siendo desplazadas de sus tierras para sembrar palma africana. Que las universidades pública y privada van en vía de convertirse solamente en institutos tecnológicos que preparan mano de obra calificada que el nuevo modelo económico requiere y no para pensar sobre los principales problemas sociales. Que los indígenas están cercados por grupos armados legales e ilegales. Que los indignados ya se están uniendo en todo el mundo. Tristemente nuestra indignación todavía se sigue ocupando de temas domésticos y del ámbito de lo privado que reproducen una cultura machista, mojigata y provinciana.

jueves, 6 de octubre de 2011

¡Semana de Receso Escolar!
Por, Elizabeth Gómez Etayo
Socióloga de la Cultura.

¡Que alegría! El gobierno colombiano decretó una semana de receso escolar en el segundo semestre del año. Con esta medida se espera incentivar el turismo. ¡La integración familiar! ¡El sano esparcimiento! El derecho al ocio y el derecho a la pereza. ¡Que delicia! Madres e hijas vamos a diseñar juntas cuál será el mejor destino turístico para la familia. A ver, empecemos por el presupuesto. Para dónde nos podremos ir. ¿Para la finca? No, nosotras no tenemos finca. Bueno, entonces, vamos a visitar los parientes que hace tiempo no vemos o vámonos para la playa o quizás a la montaña, no, eso es muy peligroso. Ah verdad, que ya se puede viajar libremente por las carreteras de Colombia, bueno, para la montaña también puede ser. De acuerdo, playa, montaña o visita a los parientes lejanos. Ahora sí, hagamos el presupuesto. Primero paguemos las cuentas del mes para irnos tranquilas a disfrutar de nuestra semana de receso escolar. Como ya no somos pobres, porque pobre, hijita, es sólo el que está por debajo de los 190 mil pesitos mensuales, nosotras con este salario mínimo y medio estamos más que aburguesadas, entonces nos tiene que alcanzar para el arriendo, su colegio, el mercado, el agua, la luz, el teléfono, el gas, el internet, los transportes del mes e irnos de vacaciones y así estimular el turismo nacional. ¿Cómo, necesitas ropa? Vamos a ver si alcanza. Ah, ¿zapatos también? Esto no estaba en las cuentas, ahora revisemos de nuevo nuestros destinos turísticos. Para la playa necesitaríamos comprar vestidos de baño, bronceador solar y bloqueador, sobre todo bloqueador, porque nos puede faltar el desodorante, pero no el bloqueador. ¿Cómo? Que el factor 50 vale 35 mil pesos, pero si eso vale uno de los pasajes para visitar a los parientes. Bueno, nos protegemos entonces con sombreros de paja, pero tenemos que hacer uso de nuestro derecho ciudadano al sano esparcimiento, además no podemos perder esta gran oportunidad de la semana de receso. ¡Semana de receso escolar! ¡Que maravilla! Ah, pero hijita, hay un detalle importante, tú tienes receso escolar, pero yo no tengo receso laboral, creo que nos va tocar aplazar las mini vacaciones o mandarte solita donde los parientes, con la plata del bloqueador solar te podemos comprar tu pasaje de ida. Para el pasaje de regreso ellos nos colaboran. Como vas a estar entre familia, no hay gastos de comida y hospedaje. Como yo no puedo ir, te vas tú solita. Pero toma muchas fotos y me cuentas como te fue. ¡No podemos perder esta maravillosa oportunidad de la semana del receso escolar! Ah ¿No quieres ir? Prefieres quedarte en casa viendo televisión, bueno la televisión también educa, entretiene y divierte sanamente, hay unos programas concursos muy buenos que te ayudan a aprender a leer y a sumar, y los 35 mil pesitos del bloqueador que usaríamos en el pasaje, los podemos usar en gaseosas y papitas para que invites a tus amiguitas del colegio durante toda la semana y aprovechen su semana de receso escolar en casa. Pero eso sí, no perdamos la semana de receso escolar. ¿Si ves? Quien no disfruta, no es por falta de plata, sino de imaginación.

martes, 4 de octubre de 2011

De la hilaridad a la indignación

Por Elizabeth Gómez Etayo
Socióloga de la Cultura


Es común decir que la política colombiana es un circo donde no han faltado elefantes, payasos e ilusionistas. Hemos tenido desde cárceles construidas por los propios detenidos hasta celdas ampliadas por ellos mismos. Nos acostumbramos, sin asombro, a las últimas extravagancias del capo que está de moda. La justicia colombiana, a pesar de los últimos aciertos con la detención de Noguera y de Arias, entre otros sonados casos, hace poco para frenar los desmanes de los capos encarcelados. No sé qué resulta más deleznable: si la cínica narcotización de la política o la debilidad del sistema de justicia colombiano para controlar el hampa.
Grandes titulares de prensa exhiben cada tanto que un ex-congresista, preso por parapolítica, desde su cárcel de máxima comodidad maneja ilícitos negocios y que ahora se va a dedicar al más rentable de ellos: la política, pues según sus cuentas es más rentable una Alcaldía que coronar un cargamento. Abiertamente se comenta que estos personajes realizan las más inusitadas acciones como ordenar las elecciones del suroccidente colombiano y que entre sus visitantes semanales no faltan candidatos a las Alcaldías y las Gobernaciones de esta Región del país.
También es conocimiento público que uno de ellos se hizo el bypass gástrico, tumbó paredes para aumentar su celda, celebró en grande su fiesta de Cumpleaños, tiene trabajando a otros presos a su nombre para rebajar condena y por este buen comportamiento, le dieron permiso para visitar a su esposa convaleciente; permiso que sagazmente usó para vigilar como van sus mandaderos políticos del Valle del Cauca, no contento con este verdadero paseo millonario está gestionando el próximo permiso de 72 horas justo el fin de semana de los próximos comicios.
Detrás de sus acciones está clara la debilidad del sistema judiciario y penitenciario colombiano; un sistema corruptible, sobornable y cuestionable. Los funcionarios encargados de vigilarlo dudan sobre a quién obedecer y finalmente optan por el nuevo patrón, detestable figura de poder que nos ha dejado la narcotización, no sólo de la vida política, sino de la más cotidiana.
¿Cómo recuperar el ejercicio político para generar confianzas sociales y construir una sociedad realmente democrática? Los candidatos que quieran apostarle a esta misión deberán deslindar claramente de todos los grupos armados al margen de la ley y del narcotráfico para no hacerle más el juego a esa tétrica figura del capo y a esa perversa hipótesis de que estar con los duros, paga.

martes, 27 de septiembre de 2011

Mundos Para-lelos

Por Elizabeth Gómez Etayo
Socióloga de la cultura

La escisión es uno de los signos de nuestro tiempo. Estamos tan fragmentados que no logramos reconocernos en el dolor ajeno. Los indígenas, inermes bajo el fuego cruzado del norte del Cauca, los niños indígenas de Puerto Gaitán muriendo de inanición y algunos jóvenes estudiantes, como muchos ciudadanos del común, viven en mundos paralelos. Parece que a pesar de estar todo el día conectados a diversas redes de las nuevas tecnologías de información y comunicación, las personas están cada vez más unplugged de la realidad.

En el resguardo de Huellas, Municipio de Caloto, Departamento del Cauca, los indígenas del pueblo Nasa y campesinos de la región sufren la inclemencia del fuego cruzado de los actores armados legales e ilegales que se disputan el poder en estas tierras. Otros municipios aledaños, en su mayoría de población indígena y campesina, son también víctimas fatales de esta guerra cuyo fin es un clamor general, pero que nuestros oídos citadinos, distantes y distraídos, y sobre todo los de quienes podrían hacer algo para evitar tanto dolor, parecen ignorar.

Los niños indígenas en Puerto Gaitán, el municipio de Colombia que más recibe regalías provenientes del petróleo, están muriendo de hambre en medio de la riqueza boyante que ha dejado en la ruina a sus familias indígenas. Estas familias indígenas, antes nómadas, han asistido a la reducción de sus territorios y con ello a las posibilidades de caza y pesca para resolver lo más lo más básico de sus vidas: la comida, como consecuencia de la acción de grandes multinacionales mineras que han deteriorado el medio ambiente con la extracción sin piedad de recursos naturales. ¿Dónde están las autoridades ambientales y de protección social que controlen esta situación y garanticen la vida de la población?

Los diarios nacionales han sido prolíficos en imágenes de primerísimos primeros planos sobre las hambrunas en Etiopía, ocultando que hay niños muriendo de hambre en Puerto Gaitán, ¡rico municipio colombiano!

Y quizás lo que más me deja pasmada de esta realidad es que cuando quiero comentar con mis estudiantes sobre este escenario nacional, imposible de ocultar, me encuentro que ésos difícilmente han aprendido a leer bien una noticia. Son analfabetas funcionales. Muchos de ellos no saben leer ni escribir, aunque sí digitar y han llegado, por tanto, a este estrado de la educación superior.
Estos mundos para-lelos constituyen un panorama desolador. Ojalá no estuviéramos tan lejos de juventudes irascibles como las chilenas para enriquecer un realidad social y cultural que claman por pronunciarse, por integrarse, quiero decir, por estar menos escindidos y saber que los niños muriendo de hambre en Puerto Gaitán y los indígenas bombardeados en el Norte del Cauca, también son nuestro problema.

Mundos para-lelos

Mundos Para-lelos

Por Elizabeth Gómez Etayo
Socióloga de la cultura

La escisión es uno de los signos de nuestro tiempo. Estamos tan fragmentados que no logramos reconocernos en el dolor ajeno. Los indígenas, inermes bajo el fuego cruzado del norte del Cauca, los niños indígenas de Puerto Gaitán muriendo de inanición y algunos jóvenes estudiantes, como muchos ciudadanos del común, viven en mundos paralelos. Parece que a pesar de estar todo el día conectados a diversas redes de las nuevas tecnologías de información y comunicación, las personas están cada vez más unplugged de la realidad.



En el resguardo de Huellas, Municipio de Caloto, Departamento del Cauca, los indígenas del pueblo Nasa y campesinos de la región sufren la inclemencia del fuego cruzado de los actores armados legales e ilegales que se disputan el poder en estas tierras. Otros municipios aledaños, en su mayoría de población indígena y campesina, son también víctimas fatales de esta guerra cuyo fin es un clamor general, pero que nuestros oídos citadinos, distantes y distraídos, y sobre todo los de quienes podrían hacer algo para evitar tanto dolor, parecen ignorar.



Los niños indígenas en Puerto Gaitán, el municipio de Colombia que más recibe regalías provenientes del petróleo, están muriendo de hambre en medio de la riqueza boyante que ha dejado en la ruina a sus familias indígenas. Estas familias indígenas, antes nómadas, han asistido a la reducción de sus territorios y con ello a las posibilidades de caza y pesca para resolver lo más lo más básico de sus vidas: la comida, como consecuencia de la acción de grandes multinacionales mineras que han deteriorado el medio ambiente con la extracción sin piedad de recursos naturales. ¿Dónde están las autoridades ambientales y de protección social que controlen esta situación y garanticen la vida de la población?



Los diarios nacionales han sido prolíficos en imágenes de primerísimos primeros planos sobre las hambrunas en Etiopía, ocultando que hay niños muriendo de hambre en Puerto Gaitán, ¡rico municipio colombiano!



Y quizás lo que más me deja pasmada de esta realidad es que cuando quiero comentar con mis estudiantes sobre este escenario nacional, imposible de ocultar, me encuentro que ésos difícilmente han aprendido a leer bien una noticia. Son analfabetas funcionales. Muchos de ellos no saben leer ni escribir, aunque sí digitar y han llegado, por tanto, a este estrado de la educación superior.
Estos mundos para-lelos constituyen un panorama desolador. Ojalá no estuviéramos tan lejos de juventudes irascibles como las chilenas para enriquecer un realidad social y cultural que claman por pronunciarse, por integrarse, quiero decir, por estar menos escindidos y saber que los niños muriendo de hambre en Puerto Gaitán y los indígenas bombardeados en el Norte del Cauca, también son nuestro problema.

Un cerito a la derecha ¿A quien elegir?

Un cerito a la derecha. ¿A quién elegir?

Por Elizabeth Gómez Etayo
Socióloga de la Cultura

En la pasada columna sobre “las elecciones y los elegidos” cerré con la pregunta ¿Qué será mejor, los humildes al poder o que los ilustres nos sigan gobernando? No pocas inquietudes se generaron al respecto, pues es claro que para gobernar se necesita cualificación académica y capacidades intelectuales, dos condiciones que considero necesarias pero no suficientes. Para continuar con este sano debate quiero compartir una reflexión que les adeudo a mis estudiantes de Democracia y Constitución, y que da pié a la nueva pregunta: ¿A quién elegir?

Dos preguntas sencillas, pero profundas, formulé en clase. Va la primera. Dentro de cinco o seis años ustedes serán profesionales. Espero que tengan buenos trabajos y que sean remunerados de acuerdo con sus expectativas. Y que desarrollen una próspera carrera profesional. Hasta ahí, sólo sonrisas complacidas advertía entre mis estudiantes. Sin embargo, cuando les dije: bueno, ahora vamos a suponer que usted es el contratista de una obra con el Estado, y le dicen “ingeniero ponga este cerito a la derecha”. Recuerde, su salario es bueno, sus necesidades básicas están resueltas e inclusive puede ahorrar e irse de vacaciones, tiene una buena vida. ¿Lo pone o no lo pone? ¿Usted pondría el cerito a la derecha? Recuerde que se trata de un contrato con el Estado, son recursos públicos. Ya la obra tiene un valor justo. Pero existe la posibilidad de ganar unos pesitos extras. Pesitos, no. PESOTES. ¿Lo pone o no lo pone?

Las sonrisas complacidas empiezan a tornarse sonrisas socarronas. Profe, es que todos queremos vivir bien, ganar plata. ¿O quién no quiere? Claro, yo también quiero vivir bien, les dije. Pero una cosa es vivir bien con mi justa remuneración y otra, muy distinta, es usar los recursos públicos, los recursos del Estado para el lucro personal. Un cerito a la derecha es lo que los actuales ingenieros que contratan con el Estado están poniendo. Un cerito a la derecha está inflando las actuales contrataciones con el Estado y nos están dejando al resto de los ciudadanos endeudados por varios años. Un cerito a la derecha transforma totalmente una cifra y se pierde la dimensión real del costo de un bien o de un servicio. Un cerito a la derecha hace la diferencia. Y para tomar la decisión de ponerlo o no es que estamos discutiendo en este curso. Y usted, querido lector, ¿Pondría un cerito a la derecha?

La otra pregunta va en torno a los derechos humanos. Queridos estudiantes, vamos a discutir sobre el derecho fundamental, el derecho a la vida. Díganme, ¿cuánto vale la vida en Colombia? “Cuarenta mil pesos profesora. Un banano, en mi barrio a un tipo lo mataron por un banano. Yo supe de un señor al que lo mataron por cien pesos”. Dijo otro estudiante. Todos nos fuimos quedando impactados. La macabra profesión de sicario está también cada vez más desvalorizada. En Colombia se mata por cualquier peso y causa. Hasta ahí, todos compartíamos un valor común: la vida es un derecho inviolable, y tenemos que exigirle al Estado la defensa a ultranza de este derecho. Pero cuando le pregunto a mis queridos estudiantes, ¿ustedes han pensado o han sentido que en alguna circunstancia serían capaces de matar o mandar a matar a alguien? De nuevo la incomodidad los acecha y se reacomodan en sus asientos y empiezan las diversas justificaciones. Algunos de mis estudiantes sí han tenido ganas de matar, y además consideran que en algunas circunstancias es justificable hacer justifica por cuenta propia, aceptan que la gente a veces mata porque era necesario y que, ellos, si tuvieran que hacerlo también lo harían. Varios ejemplos al respecto fueron discutidos. En clase dejamos que una cosa es el deseo, humanamente comprensible, y otra, muy distinta, es pasar a los hechos. ¿Dónde y cómo se construye ese límite moral y ético entre desear y ejecutar? Mis estudiantes, nuevas generaciones de colombianos, han perdido, sin saberlo, el valor supremo de la vida. Los comprendo, -les digo- ustedes han crecido en un contexto sociopolítico donde la defensa de la vida es un discurso hueco. Quizás lo más grave de esta gravísima situación violenta en la que vivimos es que todos, quizás sin saberlo, hemos ido perdiendo el valor supremo a la vida.

Con estas dos preguntas hechas en clase con mis estudiantes pensé en la nueva pregunta ¿A quién elegir? Y las posibles respuestas me llevan a pensar, por lo menos, en quien tenga una carrera impoluta en el manejo de recursos públicos y privados, porque en la empresa privada también hay corrupción. En quien haya demostrado ampliamente un manejo responsable de los recursos, alguien para quien lo público sea sagrado y que defienda a ultranza la vida, eso implica, inclusive, que el uso del agua privilegie el bienestar humano, calme la sed, el hambre y las necesidades básicas humanas y no las necesidades suntuosas. El agua no puede usarse para lavar oro. Así, simple y radical. Vida y recursos públicos son sagrados. Es por eso que para gobernar considero que la cualificación académica y las capacidades intelectuales, son dos condiciones necesarias pero no suficientes.

Sobre las elecciones y los elegidos

Sobre las elecciones y los elegidos

Por, Elizabeth Gómez Etayo.
Socióloga de la Cultura.


Tenemos la mala costumbre de irnos por las ramas y no ver el árbol. En tiempos electorales llueven críticas sobre diversas candidaturas y los lectores incautos caen en el juego oportunista de ir al son que le toquen algunos columnistas amañados. Una columnista de un diario regional, conservador y taimado, aprovecha la coyuntura electoral, y la confusión, para irse lanza en ristre contra una candidata a la Alcaldía de Cali. No voy a defender esta candidata ni su candidatura. Pero si quiero referirme a los argumentos de la columnista para llevar la discusión a otro ámbito y no personalizar de manera tan fácil el juicio contra una candidata en particular.
Se esgrime que los candidatos a las distintas corporaciones públicas deben tener la preparación suficiente para gobernar una ciudad, un departamento o una nación. Pero los títulos no garantizan el manejo ético de los recursos públicos ni del ejercicio político. Y eso es más importante que tener cartones. Diversos ejemplos nacionales nos ilustran al respecto. Hagamos memoria.
Luiz Inacio Lula da Silva, expresidente de Brasil, no tenía una carrera universitaria, y no lo hizo tan mal, por lo menos lo hizo mucho mejor que los últimos presidentes colombianos. Y consciente de la debilidad en su formación académica, no quiso que el futuro de las próximas generaciones de brasileños fuera la suya, de esta forma amplió la cobertura educativa en Brasil. Ampliada realmente, no como los remedos de reformas educativas que aquí en Colombia se anuncian. Y, repito, Lula no era ni siquiera Licenciado en Educación Física. Era un obrero sindicalizado de la empresa metalúrgica, un hombre humilde que estuve siempre en la orilla de la desigualdad social, desde donde las cosas se ven diferentes.
Por otro lado, los más ilustres académicos colombianos han ocupado altos cargos públicos. De las mejores universidades del país egresan futuros Ministros de Hacienda, de Agricultura, de Salud, de Educación y de Comunicaciones, por solo nombrar algunos. Pero su conocimiento no se ha caracterizado por tener sesudos análisis de la nación donde se redistribuya la riqueza y se disminuya la pobreza. Todo lo contrario. Su conocimiento ha estado al servicio de la corrupción y el clientelismo de los más altos estratos.
Algunos ex presidentes se pavonean por el mundo, exhibiendo sus créditos académicos de Harvard y London School of Economics, para tratar de ocultar con esta cortina de humo sus fraudulentos vínculos y lazos, cada vez más difíciles de esconder, con dineros mal habidos y gravísimas violaciones de derechos humanos.
Sin embargo, parece que la memoria colectiva colombiana siguiera relacionando colores de piel con incapacidad y todavía nos cuesta relacionar corbatas con grandes robos. Mejor dicho, como dice un graffiti en el centro de Cali: era más fácil cuando los únicos que robaban eran los ladrones. Pero de eso poco se habla. Qué será mejor, ¿Los humildes al poder o que los ilustres nos sigan gobernando?

El bolillo Gómez, un hombre muy colombiano

Hernán Darío, El Bolillo, Gómez: Un hombre muy colombiano.
Por, Elizabeth Gómez Etayo,
Socióloga de la cultura.

¿Refleja el Bolillo Gómez rasgos del hombre colombiano? Atención, digo del Hombre, sujeto masculino, varón. Quizás lo más interesante con estos episodios de la pintoresca vida nacional, son los temas de conversación que nos suscitan en desprevenidos pasillos y cafés. Por morbo o por un sano interés psicoanalítico silvestre, las acciones del Bolillo Gómez y las conversaciones que suscita, reflejan algunos rastros de lo que somos como cultura colombiana, como pueblo, como nación, como mentalidad colectiva. Llevamos un mes, más o menos, hablando de los bolillazos.
Si los golpes propinados por Hernán Darío fueron contra una mujer o contra una travesti o si hubieran sido contra un hombre, el hecho es igualmente reprochable. En Colombia las distintas formas de violencia íntima, familiar, psicológica y simbólica, esa que se ejecuta contra mujeres, niños y niñas, homosexuales, gays, lesbianas, travestis, ancianos y ancianas o contra los considerados hombres heterosexuales considerados débiles, están incorporadas como prácticas normales, naturales y hasta esperadas.
Así hemos criado a nuestros niños y niñas. A pesar del ingreso de la mujer en el mundo laboral y académico, a pesar de que los roles de género sean compartidos e intercambiados en el hogar, todavía los niños se siguen criando para patear, golpear, humillar, ofender y demostrar fuerza desde pequeños, mientras que las mujeres se siguen criando para aguantar y comprender esa irascibilidad masculina incontrolada o azuzada por el licor. Es eso lo que debemos cambiar desde el embarazo y los primeros años. Madres, padres, familias, escuela y sociedad en general, tenemos responsabilidad.
No más entiéndalo. No más entiéndame; es que me pasé de tragos, es que se me fue la mano, yo no quería, no sé qué pasó conmigo, se me fueron las luces. Respuestas y justificaciones que sólo se aceptan como válidas en este tipo de situaciones, como si el daño fuera menor o las víctimas menos importantes. Hombres: ¡a transformarse! A ampliar su nivel de frustración. Cuando les digan NO, es NO.
Ojalá los desmanes del Bolillo, desmanes, repito que son propios de muchos hombres colombianos, eso de echarse la canita al aire, de salir a desfogar el apetito sexual, de golpear y de maltratar, nos sirviera para reflexionar que quizás todos y cada uno de nosotros estaríamos en el riesgo de actuar igual o peor llevados por las circunstancias. Si reconociéramos eso, creo que nos evitaríamos futuros bolillazos nacionales y cotidianos.
La violencia simbólica es la base de las otras violencias, los comentarios descalificadores y las creencias falsamente infundadas sobre la superioridad de unos sobre otras, han sido y son los nutrientes, no sólo del Bolillo, sino de muchos hombres colombianos inspirados en novelas como pasión de gavilanes y en frases tristemente célebres como: le pego en la cara marica.

lunes, 16 de mayo de 2011

La salvación del alma moderna, Eva Illouz

En este libro la autora aborda que la modernidad ha producido mucho más que individualismo, democracia, Estado, sistemas sociales, económicos y culturales, la modernidad ha creado las "emociones" y al mismo tiempo las "terapias". En este libro la autora discurre sobre lo que ha considerado una "cultura de la autoayuda" como algo propio del mundo moderno.

Eva Illouz y la Sociologia de las emociones y el amor.

Les invito a conocer a esta socióloga judía nacida en Marruecos, educada en Francia y USA, actualmente profesora de Sociología de la Universidad Hebrea en Jerusalem. Ella se constituye en una fuente obligada para la nueva sociologia de la cultura. Que la disfruten!

sábado, 12 de marzo de 2011

Obsolescencia Programada

Estimados Estudiantes de Sociología de la Cultura I,
Les adjunto este video: Obsolescencia Programada, a propósito de la clase sobre modernidad con Marshall Berman y Todo lo sólido se desvanece en el aire.
Invito a nuestros seguidores del blog a que no se lo pierdan.

lunes, 28 de febrero de 2011

8 de marzo. Dia internacional de la mujer.


Con en el ánimo de conmemorar el 8 de marzo: Dia internacional de la Mujer, el Departamento de Antropología y Sociología de la Universidad de Caldas realizará una jornada de reflexión y debate en torno a distintas problemáticas de la mujer contemporánea. El evento se desarrollará a partir de 2 mesas de discusión con participación de estudiantes y profesores de la Facultad de Ciencias jurídicas y sociales. Mesa 1: Cuerpo, salud y feminidad. Problemas de mujeres? Mesa 2: Sexualidades, feminidades y Masculinidades. Esperamos que este sea el primero de muchos encuentros de reflexión sobre estas instingantes temáticas.

sábado, 19 de febrero de 2011

ISABEL ALLENDE RECUERDA FEMINISMO Y 8 DE MARZO

LA PROFESORA ELIZABETH PROPONE ESTE VIDEO COMO APERTURA PARA EL DÍA 8 DE MARZO.
SE ESPERA PUES, PUEDA SER VISTO Y COMENTADO, CON LA INTENCIONALIDAD QUE ENTRE TODOS CONSTRUYAMOS ESTA JORNADA.

ABRAZOS

viernes, 18 de febrero de 2011

FEMINISMO, LUTA ANTI-RACISTA E BIOÉTICA Fátima Oliveira*

Resumo
A ética da vida, bioética, nas últimas três décadas estabeleceu-se
enquanto campo epistemológico multi e interdisciplinar e como movimento
social. Nesse artigo é feita uma abordagem panorâmica da bioética
(princípios, histórico, conteúdos temáticos), com ênfase nos dilemas atuais
versus futuro da espécie humana; os direitos e responsabilidades da
sociedade; os debates no feminismo e algumas considerações sobre ciência,
ideologia, gênero, racismo e bioética.

TRADUCTOR PORTUGUÉS ESPAÑOL

ENTREVISTA COM MICHELLE PERROT Sheila Schvarzman

Michelle Perrot participou em maio de 1994 no Brasil, do
colóquio "Sentimento (s), Identidade (s): os Paradoxos do
Político" organizado em conjunto por Paris VII e pelo
Departamento de História do IFCH. Idealizado pelas professoras
Maria Stella Bresciani e Vavy Pacheco Borges da UNICAMP,
pela própria Perrot, Pierre Ansart e Claudine Haroche de Jussieu,
este encontro aprofundou questões de discussão conjunta
iniciadas em 1992 em Paris sobre o tema da "Cidadania". Além
de conceder esta entrevista, Michelle Perrot fez também uma
conferência no Pagu sobre a História da Mulher.

D_O_S_SI_Ê:_ "H_is_tó_ria_ d_as _M_ul_he_res_ n_o O_c_ide_nt_e" cadernos pagu (4) 1995: pp. 9-28. ESCREVER UMA HISTÓRIA DAS MULHERES: relato de uma experiência Michelle Perrot

Escrever uma história das mulheres é um
empreendimento relativamente novo e revelador de uma
profunda transformação: está vinculado estreitamente à
concepção de que as mulheres têm uma história e não são apenas
destinadas à reprodução, que elas são agentes históricos e
possuem uma historicidade relativa às ações cotidianas, uma
historicidade das relações entre os sexos. Escrever tal história
significa levá-la a sério, querer superar o espinhoso problema das
fontes ("Não se sabe nada das mulheres", diz-se em tom de
desculpa). Também significa criticar a própria estrutura de um
relato apresentado como universal, nas próprias palavras que o
constituem, não somente para explicitar os vazios e os elos
ausentes, mas para sugerir uma outra leitura possível. Ambiciosa,
com certeza, esta pesquisa tem se desenvolvido no mundo
ocidental há vinte anos.

DIFERENÇAS ENTRE OS SEXOS E DOMINAÇÃO SIMBÓLICA (nota crítica)* Roger Chartier**

"Num texto soberbo, intitulado "O sexo nem verdadeiro
nem falso", Louis Marin comenta o mito do Hermafrodita tal
como é contado por Ovídio no quarto livro das Metamorfoses.
Para ele, é a esfera imóvel e eterna do Ser, unindo de maneira
indestrutível o masculino e o feminino, "que, sob a forma da
prece e do votum, a Náiade do mito ovidiano deseja constituir
para sempre, mas no tempo : "Tu te debates em vão, cruel, ela
grita , tu não escaparás. Deus ordenou que nunca se veja
separado de mim nem eu separado dele". Bissexualidade
originária da qual o mito do Hermafrodita constituirá a narrativa.
E no entanto, basta reler o voto de Salmacis, ninfa de violência
masculina a respeito do excessivamente feminino Hermafrodita,
para descobrir, na linguagem do poema, a outra face da
bissexualidade: o trabalho da diferença, a potência do neutro;
não "Oh Deus! Fazei,com que sejamos para sempre unidos em
um só corpo", mas "Ordene, oh Deus, que ele não seja jamais
separado de mim nem eu dele".